Buen técnico y mejor amigo

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Mané es, hoy por hoy, el mejor entrenador de la historia del Alavés. Un hombre que cogió al equipo en Segunda y lo llevó a la final de la UEFA debería tener una calle con su nombre en Vitoria o, incluso, una amplia plazoleta. Sin embargo, la sensación que había en la ciudad es que el Alavés languidecía de forma peligrosa y que se imponía el movimiento de ficha. En el fútbol, los ciclos largos son de dos años y Mané llevaba seis en el banquillo alavés. Oficialmente, él se agarraba a la posibilidad de alcanzar el final de la temporada e, incluso, escuchar alguna oferta de renovación. Pero ésta no iba a llegar.
Todavía recuerdo mis primeros días de convivencia con Mané. Tuvimos un par de enganchadas ridículas fruto de nuestras respectivas obligaciones. Un día se la lié con unas declaraciones en torno a los porteros (Tito y Armando). Otro, le coloqué a un compañero de Radio Valencia al teléfono nada más terminar un entrenamiento porque le quería entrevistar. Y a Mané no le gusta que le avasallen. Desde entonces, todo ha ido como una balsa de aceite. Hemos convivido y nos hemos hecho buenos amigos. Cuando Mané se despedía el pasado martes de toda la Prensa dijo: "Espero que mantengamos la amistad, si es que esta se ha creado o, en todo caso, que la relación no se pierda". Yo sé que estoy en el grupo de los primeros, el de los amigos. Y lo sé porque Ángel Garitano, Ondarru, su hombre de confianza, me guiñó un ojo antes de que ambos cerraran la puerta de Mendizorroza. Suerte a los dos.