El pelotón español cambia sus gustos
Cada vez hay más y mejores ciclistas disputando las clásicas

El Mundial de 1999, en Verona, marcó un punto de inflexión en el ciclismo español. Con su triunfo en aquel campeonato y sus buenas actuaciones en las pruebas de la Copa del Mundo en posteriores años, Óscar Freire empezó a inocular el virus de las clásicas. Primero a sus propios compañeros (si él puede, por qué no yo), después la prensa, atraída por los nuevos éxitos, y como consecuencia, a la afición. Sólo queda la televisión, que sorprendentemente dedica ahora menos atención a estas carreras que en anteriores años de vacas flacas.
Otro factor que también ha contribuido fuertemente a esta pasión por las clásicas es la emigración. Muchos españoles han aprendido en equipos extranjeros a valorar estas carreras.
La fiebre sigue subiendo y los resultados van a contribuir a extenderla. Los equipos españoles no van ya a las clásicas a rellenar la lista de inscritos. Astarloa gana la Flecha Valona, secundado por Aitor Osa; Iban Mayo queda segundo en Lieja; por primera vez un español, Chente García, pasa en cabeza el Bosque de Arenberg, el tramo más duro de pavés de la París-Roubaix.
Los gustos están cambiando y bien vendría a los organizadores españoles darse cuenta. En las vueltas de cinco días siempre hay varias etapas basura que ahuyentan a la audiencia. En las clásicas cada día hay una batalla, sin alianzas entre el equipo del líder y los de los sprinters para bloquear la carrera.
Óscar Freire: "Más espectaculares que el Tour"
"Se está demostrando que los españoles no somos malos en las clásicas. Lo único que ha cambiado es la mentalización. Ahora salimos a ganar y antes muchos estaban deseando llegar al avituallamiento para retirarse. Pero ahora, incluso en la París-Roubaix, la carrera más complicada para nosotros, hemos visto a españoles luchando como protagonistas. Sólo nos falta experiencia. Italianos, belgas y holandeses nos llevan mucha ventaja en esto. Creo que la prensa se empieza a interesar, pero la televisión está pasando un poco del asunto y eso evita que la afición se enganche. Las clásicas son más espectaculares que las etapas del Tour, salvo las de montaña. Pero no se puede educar el gusto en algo que no se ve".
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Cada año un poco mejor
La progresión de los ciclistas españoles en las clásicas está siendo más que notable. En 1997 y 98 sólo hubo un español que acabara entre los diez primeros entre las quince clásicas más importantes. En esta temporada, con sólo siete disputadas, llevamos ya nueve plazas entre los top ten y, de ellas, tres en el podio.
