Motociclismo | Esperanza española en MotoGP

Sete Gibernau, piloto por tradición

El ganador del GP de África ha vivido el motociclismo desde que era un niño

<b>UNA IMAGEN INOLVIDABLE.</B> Hasta la victoria en Suráfrica, su otro gran momento de gloria había sido el triunfo del medio litro en Valencia 2001, justo unos días después del atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre. Su imagen clavando de rodillas las banderas de España y Estados Unidos en el circuito de Cheste dio la vuelta al mundo.
Mela Chércoles
Redacción de ASEnviado especial de AS a los GGPP de MotoGP
Mela Chércoles nació en Madrid en 1975 y accedió a AS en 1996. Es enviado especial a los GGPP de Motociclismo desde 1999. Colaborador de la SER. Licenciado en Periodismo por el CEES, en la actualidad UEM. También ha cubierto el Dakar en 2004, la información del Real Madrid y la Selección Española de fútbol.
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M anuel Gibernau nació y creció en el seno de una de las familias moteras españolas con más lustre, los Bultó. En ella desde crío le llamaron Sete y así hizo él que constara en su documento nacional de identidad. Enganchado al mundo de las dos ruedas desde muy pequeño, su abuelo don Paco fue siempre su gran referente y aún hoy lo lleva consigo caricaturizado en la parte trasera de su casco, como no podía ser de otro modo, con el dedo pulgar de la mano derecha hacia arriba, santo y seña de la inolvidable marca Bultaco.

El camino de Sete en el Campeonato del Mundo arrancó en el GP de España de 1992 y su primera temporada casi completa fue la de 1996, en 250cc. Al año siguiente ya estaba en quinientos y en todo ese tiempo siempre dispuso de motos oficiales en diferentes marcas: Yamaha, Honda bicilíndrica, Honda 2T tetracilíndrica, Suzuki 2T y 4T y ahora, la poderosa Honda V5 de 4T. Ha tenido más oportunidades que El Platanito, porque pese a no ganar nunca tenía el don de estar siempre en el mejor sitio y en el mejor momento. Un ejemplo de la suerte que siempre le ha acompañado fue el hecho de poder heredar en 1999 la moto del pentacampeón Doohan por la accidentada retirada del australiano. Eso sí, antes había dado auténticas exhibiciones con la Honda bicilíndrica.

Se estrena en MotoGP. Como se ve, tiene el don de la oportunidad y en Welkom era el momento de conseguir la primera victoria española en MotoGP para rendir tributo a su compañero Daijiro Kato, fallecido el 19 de abril tras un accidente en el GP de Japón. El piloto catalán no falló y hasta el mismísimo Valentino Rossi, segundo clasificado tras un sprint final de infarto, dijo después de la carrera: "Sete ha contado hoy con la ayuda de Daijiro".

A partir de ahora, los objetivos de Sete en el campeonato serán más ambiciosos. Llegará a Jerez segundo en la tabla a sólo siete puntos del líder, El Doctor, y está más concienciado que nunca de que se encuentra ante su gran año. Tras la victoria surafricana no quiso pasar factura, pero son muchos los que de él han dicho que no es más que un piloto con suerte, muy valiente, pero que nunca había ganado nada a pesar de disponer de motos pata negra.

Esa tendencia ha cambiado y es algo que se veía venir desde la pretemporada. Está en un momento dulce y su patrocinador, Telefónica Movistar, ha creído en él cuando la mayoría ya no lo hacía. Su relación profesional con la compañía de telecomunicaciones le ha hecho amigo del tenista Juan Carlos Ferrero, otro de los deportistas de la marca azul. Siempre que puede ve sus partidos de tenis y le manda mensajes de ánimo vía móvil o le llama manta cuando falla una bola fácil.

Otro de sus amigos más populares es Luis Enrique. El futbolista del Barcelona le llamó para darle ánimos antes de viajar a Suráfrica, consciente del difícil momento que estaba pasando. A Sete no le hizo ninguna gracia que el Barça cayera eliminado de la Champions el pasado martes, de lo que se enteró en el aeropuerto mientras viajaba hasta Welkom.

Como se puede imaginar, este inquilino habitual de Ibiza cuando está de vacaciones es un apasionado de los deportes de riesgo, al punto de practicar caída libre tirándose desde un avión en paracaídas. Y le encanta todo lo relacionado con el mundo del motor, que además le sirve de entrenamiento.

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Una de las modalidades que más y mejor practica es el supermotard. El pasado invierno ganó en una prueba internacional de Madrid a los especialistas de esta disciplina y en ocasiones se entrena en compañía de Álex Crivillé, con el que mantiene una estrecha amistad después de haber sido compañeros de equipo y de vuelo en innumerables viajes.

Así es la vida de Sete: por y para las motos. Seguro que don Paco, desde allá arriba, se siente orgulloso de su nieto.

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