Bueno para el fútbol
El arbitraje de Pierluigi Collina en Old Trafford fue un alivio para el fútbol después de la desastrosa labor de sus compañeros Kim Milton Nielsen y Graham Poll en los partidos del martes. El árbitro italiano volvió a demostrar que está sobrado para cualquier tipo de partido. Se puede equivocar, pero tiene tal dominio de la situación que los jugadores le perdonan sus fallos.
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Sólo se le escapó un detalle en el encuentro de ayer. Collina vestía con camiseta amarilla, como Casillas. Debería haber mandado al portero madridista cambiarse de indumentaria, ya que Collina no tenía elección. Los otros dos colores utilizados en esta temporada por los árbitros (negro y rojo) coincidían con las camisetas de los jugadores de campo del Manchester United (rojo) y del Real Madrid (negro).
Luego, en el campo, no tuvo problemas. Ni se los creó ni se los provocaron los futbolistas. Mostró una tarjeta amarilla a Verón en el minuto 17 por una entrada al bulto que hizo mucho daño a Makelele. A partir de ahí los jugadores ya conocían el límite de violencia que iba a permitir Collina. Por eso fue normal que el árbitro italiano no amonestase de nuevo a Verón en el minuto 58, que derribó con el cuerpo a Guti, que se preparaba para armar un contragolpe. Y mantuvo el criterio hasta el final: la segunda falta violenta (de Fortune sobre Makelele), en el minuto 92 fue castigada con otra amarilla.