La estrella de los árbitros

Un día pasó de ser el líbero del Pallavicini a pitar los partidillos de sus compañeros. Hoy es el árbitro más famoso del mundo. Muchos discutirán si es el mejor, pero nadie duda de su dimensión mundial, o de la forma en que Pierluigi Collina ha impulsado el arbitraje. Elegido tres años seguidos como el mejor del planeta, en los últimos meses pitó la final del Mundial, participó en un pase de modelos y rodó un anuncio de albóndigas en Japón.
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Nació en Bolonia el 13 de febrero de 1960, y del equipo de la parroquia Don Orione pasó al Pallavicini. Allí jugaba de líbero, "la millonésima parte de Baresi". Vio dos tarjetas rojas en su historial como jugador y se encogió de hombros cuando su amigo Fausto Capuano le animó a participar en un curso para árbitros. Acudió sin pensarlo y se enganchó. Aún tenía pelo, que perdería en 1986 por un problema hormonal. Por aquella época ya se había lanzado su carrera como árbitro junto a la de Economía y Comercio.
Como árbitro, un meteoro. Tres temporadas en Regional para pasar en 1983 al nivel nacional. Tras sólo 60 partidos en la Serie C pasó a Segunda y no tardó en llegar su debut en Primera, un Verona-Ascoli (15-12-91). Lo demás, muy rápido. Elegido esa temporada mejor debutante, pitó la final de los Juegos de Atlanta, la de la Champions 99 (Bayern-Manchester) y la del Mundial 2002. Políglota, ha perfeccionado el castellano en sus visitas a su suegra en Canarias y además habla muy bien inglés y francés. Todo eso le ayuda a ser dialogante con los jugadores, a los que suele llamar por su nombre. Siempre revisa sus partidos como ejercicio de autocrítica y se emociona con el Fortitudo de Bolonia de baloncesto. Y su fama traspasa los límites del fútbol. Basta con ver el vídeo de George Michael en el que le saca una tarjeta roja a Bush.