NBA | Despedida de un mito

Y Michael dijo adiós

Jordan se despide de la NBA con 15 puntos y clara derrota en Filadelfia

<b>EL PUNTO 32.292 ES EL ÚLTIMO.</B> Larry Brown, el entrenador de los Sixers de Filadelfia, ordenó al base Eric Snow que hiciera una falta a propósito para que Michael Jordan fuese por última vez en la NBA a la línea de tiros libres. Y, cuando quedaba 1:45 para que los Sixers firmasen el triunfo ante los Wizards (107-87 al final), Michael Jordan anotó los dos últimos puntos en su carrera, los números 32.291 y 32.292. Se retira con 30,12 puntos de media, el mejor promedio de anotación en la historia de la NBA.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En 1999, nunca debió retirarse. Y como en el fondo de su corazón sabía que había hecho algo mal, volvió en 2001 para demostrar y demostrarnos que al borde de los 40 años, él sí podía jugar en esta NBA: sin su maestro Larry Bird, sin el mago Johnson, sin los odiados Pistons.

Pero un domingo de primavera en Boston en 1986, este hombre de 40 años que ahora recibe homenajes de vieja gloria, azotó con 63 puntos el cuerpo y el Boston Garden de los mejores Celtics de la era de Larry Bird. No le defendían. Le veían jugar.

Deberíais haber visto la cara de Kevin McHale cuando alguien le pasó en su taquilla del Garden la planilla que ponía: Jordan, 63 puntos. Cara de venganza celta. "Pero hemos ganado nosotros y esta eliminatoria va a morir en Chicago", dijo McHale. Así fue.

Otro mediodía de domingo, en California, en 1991, el huracán flexible del Garden devino en Arma Definitiva. El aire, el majestuoso Air del Forum de Inglewood y de los Lakers se llenó de Air Jordan en una suspensión inyectada de megatones. Cuando bajó del cielo entre el silencio del Forum, Michael Jordan era His Airness: Su Alteza Aérea.

Y los Lakers de Magic, ya sin Kareem, se arrodillaban ante él en el tercer partido de la final de 1991: primer título para él y para los Bulls de Phil Jackson. Y de Jerry Krause. Y de Scottie.

En 1993, se retiró. Con el oro de Barcelona y tres anillos de campeón, pero agobiado por los cotilleos y por la muerte de su padre, James. Phil Jackson no le presionó. Sólo le dijo: "Haz lo que creas que debes hacer, pero si te vas, contigo se irá del baloncesto mucha gente: tu juego es como el arte de Miguel Angel. Ya no te pertenece a ti solamente".

Por eso, porque Phil no quiso presionarle, y porque quería ganar más, volvió con Phil Jackson en 1995. Y con Dennis Rodman. Y con un cuerpazo tan cincelado por Tim Grover como los de El Juicio Final de Miguel Angel.

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Volvió a ganarlo todo, en Chicago y en Utah: un cometa humano lleno de carisma, brillantez y una fiereza ganadora en el ADN que le convertía en el Hombre Invencible, el modelo del niño Kobe. Eso fue lo que abandonó la NBA en 1999.

En 2001, con sus Wizards, quiso ir casi más allá de lo humano: 43 puntos a los Nets con 40 años. Y ahora, con 15 melancólicos puntos en una triste derrota en Filadelfia, ha dicho adiós. Es el último, el mejor regalo que nos podía hacer a quienes le vimos conquistar el cielo del Garden y el Air de California, entre el silencio de esas estrellas que ahora saludan a Kobe.

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