La Armada tiene un capitán de 16 años
Rafa Nadal desembarca en la cumbre tras eliminar a Albert Costa en Montecarlo y ahora se enfrenta al argentino Guillermo Coria


Un capitán de 16 años, Rafa Nadal, se acaba de instalar en el puente de mando de la Armada, como un héroe de cuentos infantiles: no es mal refuerzo, cuando se avecina un combate total con la flota argentina en las aguas polvorientas de la tierra batida.
Nadal recordará siempre el 16 de abril de 2003: el día en que, en el Country Club de Montecarlo, el joven adolescente de Manacor, el proyecto de futbolista que escogió el tenis, se hizo hombre, tomó la alternativa y le dio la razón al viejo profeta Mark McCormack, que vislumbró en él lo que ya es: Rafa recoge los trastos de Albert Costa, el campeón de Roland Garros. Lo que hicieron Borg con Orantes en 1974, o Wilander con Vilas, en 1982.
McCormack, el Hacedor de Reyes, el padre de todos los representantes, de la agencia IMG y del tenis profesional en Estados Unidos, descubrió a Arnold Palmer, John McEnroe, Borg, Lendl y Tiger Woods. Demonios, no iba a equivocarse con Nadal. Lo que hizo Rafa antes de irse a cenar con el Príncipe Alberto Grimaldi se agiganta cuando se rasca en los números: 72% de primeros servicios. 14 bolas de break salvadas sobre 17. Y, lo más increíble, un parcial asesino de 9-2 que destrozó a Costa y dinamitó el partido.
Albert ganaba por 4-2 el primer set: lo siguiente que supo fue que había perdido ese set por 7-5 y que Nadal mandaba en el segundo por 4-1. Costa recuperó un servicio, hasta el 4-3, pero Nadal rompió de vuelta el saque del ilerdense y cerró con su saque el último juego en blanco y en belleza.
Ahora, los rivales argentinos. Nadal, contra un muro ambulante, Guillermo Coria. Ferrero, que sobrevivió a tres sets feroces ante Félix Mantilla, enfila a Gastón Gaudio, una de sus bestias gauchas. Entre Moyá-Robredo y Vicente-Beto Martín sólo pueden quedar dos españoles. Que alguien llame a McCormack: como siempre, será lo que diga el viejo Mark.
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Nadal: "Este partido era un reto"
"Este partido era un reto y un desafío para mí y he demostrado que puedo estar a la altura de un Masters Series y de un campeón de Roland Garros, como Albert. La clave de lo que está pasando es que estoy sirviendo muy bien, muy consistente, y jugando con la agresividad que hace falta en un torneo como éste. El viento no me importa, porque hay que saber adaptarse a todo".