Nadal, el príncipe heredero en Mónaco
La nueva sensación balear aplastó a Kucera, 22º del mundo, y hoy se mide a Albert Costa en segunda ronda


Un niño, Rafael Nadal, se desveló a los ojos del mundo y dejó a Karol Kucera patitieso y como una doble K. Un demonio, Lleyton Hewitt, le puso a la ATP una demanda machacante por daños, perjuicios y fiestas de guardar. Una Armada, la española, remató su desembarco y exhibición en las amables costas de Mónaco y su Country Club. Sólo naufragó David Sánchez, en las procelosas aguas del coreano Hyung Taik-Lee: el verdugo de Ferrero en Sydney
De vez en cuando, en algunas zonas de España surgen epifenómenos que, como respondiendo a una llamada telúrica, unen en sucesión ejemplares humanos de físico admirable y con habilidad especial, para el deporte o para lo que sea.
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En Monzón, provincia de Huesca, se juntaron Moracho, Conchita Martínez y algunos decatletas distinguidos. Canarias, el Alto Aragón y el Bajo Ampurdán han ofrecido alguna remesa de gente especialmente alta. En otro tiempo, a San Sebastián le dio por ser playa de porteros: Araquistain, Esnaola, Arconada, Artola, Urruti. Ahora le toca a Baleares con el tenis.
En Baleares ya tenían a Charly Moyá. Ahora irrumpe Rafa Nadal, que, por supuesto, goza de la protección, consejos y algunas horas especiales de entrenamiento con el propio Moyá. Rondando el 70% de primeros saques, la nueva joyita manacorí ridiculizó a Kucera de un modo impensable para los mismos Sampras y Agassi, que siempre las pasan de a kilo con el eslovaco. Frente a la raqueta cañonera de Rafa, Karol fue Karolina o algo más cierto y menos irreverente: el Hombre Pingüino. Mientras, Moyá volvió a cebarse con el pobre coletudo Malisse, como Costa con Davydenko. A Albert le toca el Premio Nadal y a Charly le aguarda el taimado Ferreira. No apareció Carolina, la de verdad. Dicen que irá el domingo. Ayer le tocó al príncipe heredero. Bon Nadal.