Atletismo | Marcas mundiales

El récord de Radcliffe es la gran excepción

Más de la mitad de las plusmarcas femeninas no se mejoran desde 1988

<b>EL RÉCORD MÁS VIEJO Y EL MÁS JOVEN.</B> La checa Jarmila Kratochvilova tiene el récord más viejo del atletismo femenino y la británica Paula Radcliffe (en la imagen) el más joven. La centroeuropea, ahora entrenadora, tiene el de 800 metros nada menos que desde 1983. Su aspecto físico, entonces, era impresionante. La inglesa, por su parte, mejoró el pasado domingo el tope de maratón con una marca estratosférica de 2h 15:25. Un abismo entre una y otra.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Paula Radcliffe y otras maratonianas navegan viento en popa por las calles de Londres o Chicago, las ciudades de moda para los 42.195 metros, y están a punto de tocar en la espalda, pidiendo paso, a los mejores colegas masculinos del mundo. Pero no todo es vino y rosas en el universo atlético. Las velocistas, por ejemplo, con la ahora embarazada Marion Jones a la cabeza, se han estrellado una y otra vez con un muro levantado en los años ochenta por Florence Griffith o Marita Koch. ¿Es ahora la mujer más resistente, pero menos rápida, que hace quince años? Dudoso. ¿Las grandes estrellas femeninas (y masculinas, pero menos) eran entonces impermeables a los controles de dopaje? Es muy posible. ¿Sigue habiendo consumo de sustancias prohibidas entre la élite? Con toda seguridad, pero con más controles. La disuasión funciona bien en no pocas ocasiones.

Hay otros muros mucho mejor armados en hormigón que el de Berlín, que al fin y a la postre cayó. Como el que forman no pocos récords femeninos: de las 22 pruebas olímpicas, en doce las plusmarcas son de 1988 o anteriores, y eso que algunas especialidades, como pértiga y martillo, son de reciente implantación y han establecido topes mundiales con frecuencia. Ese año dio positivo con anabolizantes Ben Johnson. ¿Una casualidad que en aquel momento se anclase en el tiempo la mitad del atletismo de chicas? Indiscutiblemente, no. Cuando se cazó al llamado Big Ben, por aquello de su tremenda musculatura, el resto de piezas susceptibles de ser cobradas buscó refugio en la abstinencia de anabolizantes, de testosterona, de estimulantes... Y las marcas femeninas se quedaron petrificadas, convertidas en estatuas de sal.

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Deporte de Estado y testosterona

La clave de las impresionantes marcas que aún permanecen en las listas está en el dopaje masivo y patrocinado por el Estado en los países del Este, RDA y URSS, sobre todo. Y en la incidencia especial en el deporte femenino. Parece claro que era mucho más fácil dopar a una mujer que a un hombre, sobre todo con dosis masivas de testosterona, que en la mayoría de los casos era entonces indetectable. Ahora las cosas han cambiado y las marcas se han reducido. Y los récords siguen ahí.

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