Radcliffe se acerca al hombre
La marca de Paula Radcliffe suena a galáctica. Una marca femenina de 2.15 horas en maratón es mucha marca, porque está a la altura del nivel medio masculino en cualquier país del mundo. El asombro ante este récord es aún mayor pues lo ha realizado una de las atletas menos sospechosas de meter química en su cuerpo, aunque en ciertas materias jamás conviene poner la mano en el fuego por nadie. Paula Radcliffe fue quien no se cortó un pelo en condenar hace dos años la participación de Yegorova en los Mundiales de Edmonton tras haber dado ésta positivo en un control de EPO.
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Radcliffe llegó a mostrar en las gradas una pancarta contra Yegorova, que la organización le invitó a retirar con premura. Pero su denuncia quedó ahí. Desde entonces se ha convertido en paladina de un atletismo limpio y sin trampas. El año pasado estableció el récord mundial de maratón y ayer no sólo lo superó, sino que lo pulverizó. La homologación del récord tendrá todas las garantías, porque en Londres hay que pasar no sólo control de orina, sino también sanguíneo. Y esto es lo curioso: ahora que los controles son más completos y rigurosos, los récords femeninos en maratón se han disparado.
Menos de 2.20 horas no hacían ni las chinas en los mejores tiempos de Ma Junren, cuando hace diez años las hacía correr 40 kilómetros cada día a base de pócimas mágicas. Se produjo tal escándalo que de la noche a la mañana desaparecieron. Y ahora va una inglesita rubísima, blanquísima, famosa ella desde hace tiempo por su agonístico estilo y le pega unos bocados al récord que lo deja patitieso. Es difícil de entender, pero hay que aceptar que las diferencias entre hombre y mujer en las carreras de fondo tienden a reducirse y quizá llegue el día en que desaparezcan. Radcliffe está en ello.
