La grandeza de Zizou y un Ronie frío
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Hablábamos después del Rayo de la acusada Zidanemanía del Real Madrid. Y visto lo visto ayer, es razonable la dependencia de este mago del fútbol. Es Harry Potter, decían en la grada, por su capacidad para convertir en fantasía la recepción de balón, el pase largo, el desplazamiento al hueco, el manejo con las dos piernas... Un espectáculo en sí mismo y un futbolista gigante en este proyecto galáctico. Creíamos que habíamos visto todo en aquél gol de ensueño que marcó en Glasgow, pero nos equivocamos. Zizou alberga un repertorio con el balón inagotable, siempre ocurrente y de una autoridad pasmosa. El Manchester se volvió loco intentando taponar tal caudal de fútbol, pero le fue imposible y por ahí llegó el origen de la victoria blanca. Si Zidane funciona, el Madrid se viene arriba.
Yuna vuelta de tuerca más sobre Raúl, el alma del Real Madrid. Dos goles dejó firmaditos y una ovación atronadora del Bernabéu después de una jugada de raza. Alguien debería animar a Ronaldo a mirarse en este espejo. El compromiso con el equipo, con el trabajo y con el espíritu candente del madridismo es esencial para triunfar en este club. Y Ronie anda frío, frío. El brasileño es un fenómeno, un peligro potencial en cada minuto de juego. No se le discute. Pero defendiendo la camiseta blanca hay que poner un plus de entrega, pasión, rabia y sobre todo sufrimiento. Ronaldo no puede andar con la gasolina justa porque se quedará tirado en la cuneta cualquier día. El brasileño tiene el cielo de la Copa de Europa por delante y no puede dormirse.