Cielo e infierno
El Real Madrid ha ganado a los Diablos de Old Trafford en dos de sus tres eliminatorias europeas y tras unos enfrentamientos llenos de épica y pasión


Amedio plazo, qué razón tenía Roger Byrne, el capitán del United en 1957: "Ni siquiera el infierno podrá impedir nuestra victoria", proclamó Byrne en el Barajas más prehistórico cuando desembarcó allí al frente de los Busby Babes. El infierno no impidió la victoria del Real Madrid en la semifinal de la Copa de Europa 1956-57. Pero, 10 meses después, el infierno cubrió de nieve las alas del avión del Manchester en el aeropuerto de Múnich y envió a la gloria eterna a algunos de los mejores babes, con el propio Byrne y el colosal Duncan Edwards al frente de la parada.
El relato de las tres eliminatorias europeas Real-United agrupa cielo e infierno, gloria y épica. Y es de los que confiere sentido planetario a un juego llamado fútbol. "Nosotros nos inspirábamos en el Real Madrid. Y aparecimos en la Copa de Europa porque queríamos ganar al Real Madrid", contaba recientemente a AS Sir Bobby Charlton, el mismo día en que se le quebraba la voz de caballero del Imperio Británico al recordar a su amigo Duncan Edwards: "El mejor jugador que he visto jamás... Yo no puedo recordar lo que pasó en Múnich porque Duncan y todos los que murieron eran mis amigos. Yo salí despedido del avión y aquí estoy, vivo".
El 6-2-1958, en el avión Elizabethan de la BEA que capotó en las pistas de Múnich, murieron 23 personas: ocho eran babes de Matt Busby, el primer campeón inglés que había entrado en una Copa de Europa, la 56-57, la segunda. Y que el Madrid eliminó por 3-1 en Chamartín y 2-2 en la vuelta de Old Trafford en los días de hierro del desafío de Byrne. Rial, Di Stéfano y Mateos, en Madrid, y Kopa y Rial, en Manchester, cosieron el rosario de goles que apartó a los diablos rojos del cielo blanquísimo y protector de la final. La final que el Real ganó al Milan en el Bernabéu (2-0), el 30-5-1957: Di Stéfano y Gento.
En 1958, el cielo y el infierno se dieron la mano bajo la nieve de Múnich. Dios debe ser algo inglés, porque conservó a Bobby Charlton. Pero no totalmente inglés. Porque las últimas palabras de Duncan Edwards sólo las escuchó el técnico del United que le velaba en su lecho de muerte: "¿Cómo hemos quedado, Jim?".
Pero vivieron Bobby, Bill Foulkes y Busby. Y Danny Blanchflower. Los tres primeros reconstruyeron al United apurando cada lágrima. En 1966, Bobby fue campeón del mundo en Wembley. Y en semifinal de la Copa de Europa 67-68 volvieron al Bernabéu de la mano del genio más diabólico: George Dickie Best, que firmó el 1-0 de Old Trafford. Volvían a Madrid...
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Y allí, el 15-5-68 en el partido "más intenso" en la vida de Sir Bobby Charlton, el United le devolvió un pedacito de infierno nevado al Real de Pirri, que mandaba por 2-0 hasta el autogol de Zoco, minuto 44. Luego 3-1, con Gento galopando sobre Alex Stepney. Y al fin, 3-3, con goles mortales de Sadler y Foulkes que, como Bobby y Busby, abandonaron el templo mirando al cielo: a Byrne, a Pegg: a Duncan.
Ese United de Best, Bobby, Busby, Denis Law, Kidd, y el devorador Stiles ganó la Copa de Europa en Wembley al Benfica de Eusebio. Y se extinguió dulcemente con la carrera de Sir Bobby Charlton y el alcoholismo de Best. Murió Busby. Aparecieron Bryan Robson, Schmeichel, Stapleton. Y Keane. Y Beckham. Ayer mismo nos explotaba en Old Trafford el tacón de Redondo, artista metido a demonio. Hasta hoy, el cielo puede ser blanco.