Fran hizo justicia
Nihat puso por delante a la Real. Kovacevic falló un penalti. Valerón transformó a bien al Deportivo y el capitán decidió

Dicen, no sin razón, que las comparaciones son odiosas. Pero a veces, además, son esclarecedoras. Denoueix alineó en Riazor lo mejor de su vestuario. Dos extremos con las botas llenas de cal, Xabi Alonso, el playmaker realista, en el corazón del mediocampo, y arriba lo mejor de la Liga (Kovacevic y Nihat). Irureta, pues verán, no. Dejó a su hombre referencia en el banquillo (Valerón) y le dio la banda derecha a un jugador al que se le presumen más aptitudes defensivas que ofensivas (Scaloni). Y eso que tenía que ganar. Como en Mallorca y como en Turín... Jabo renunciaba, de salida, a la ventaja de la iniciativa y la Real asumía con gusto jugar con piezas blancas.
Este panorama centraba en Tristán, venido a más tras cumplir con la patria, la responsabilidad creativa. Por si había dudas, Nihat, a los tres minutos, confirmaba que la Real vive en zafarrancho constante. El turco es el Valentino Rossi del fútbol. En el Deportivo, el ataque era cosa de Makaay, volcado a la banda derecha y muy lejos del peligro, y Tristán, con 40 metros por recorrer cuando recibía la pelota. Al cuarto de hora saltaron las alarmas en Riazor: Diego se llevó la mano al glúteo, Sergio perdonó un pase de la muerte de Makaay y Nihat marcó tras aprovechar los 20 metros que había a la espalda de la zaga local. La Real, un puñado de jóvenes aderezado con tres veteranos, jugaba al gato y al ratón con el Depor. Un saque de Westerveld sumaba más que uno de Sergio, más uno de Mauro, más uno de Scaloni. Pero atrás la Real flaqueaba. Y Makaay y Sergio, en dos ocasiones, estuvieron a punto de sacar provecho. Las paredes locales derrumbaban los muros defensivos visitantes. El primer tiempo maduraba cuando López Nieto, que se retira del arbitraje, se inventó una falta y Capdevila, que salió por el lesionado Andrade, le pegó con el alma e igualó el tanteador. Instantes después el colegiado señaló penalti por un leve agarrón de Scaloni a Gurrutxaga (de esos que no se pitan nunca) y la grada le dedicó al colegiado una pañolada. Kovacevic tiró a reventar y falló.
Cambio de dibujo. El segundo acto arrancó con cambio de look local (del 4-4-2 al 4-2-3-1). Valerón suplió a Tristán. El partido fue fiel, por primera vez, a la situación real de la tabla. Un Depor obligado obligaba a la Real. Con Valerón rehabilitando la austoestima local y Karpin (que es igual de buen futbolista en Maracaná que en el campo del Éibar) ganando protagonismo, un tocado Makaay dejó el testigo a Luque. El catalán dejó su tarjeta de presentación en el palo derecho de Westerveld tras cabecear un centro de Fran. El partido tenía acento gallego, pero.... Fran pudo adelantar a los locales, pero le faltaron centímetros (para que digan que el tamaño no es importante). Se entraba en el cuarto de hora final, eso que en la NBA llaman los minutos de la basura y en el Bernabéu la hoja de reclamaciones. Xabi dejó de ser mediocentro para convertirse en el pivote Alonso y Denoueix bramaba indicaciones desde la orilla del césped. Languidecía el partido cuando Fran recibió la pelota. Caracoleó, la pelota le quedó a la derecha, su pierna mala, y sin pensárselo fusiló a Westerveld. El fútbol es justo. Y ahora la Real puede hacerle un favor al Depor ganando a Los Galácticos en Anoeta...
EL DETALLE
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