No tiene límites
Fernando Alonso nos hizo pasa un mal rato, seamos sinceros. Aunque la ingeniería permite que los modernos monoplazas de F-1 sean casi indestructibles, ver su Renault fuera de control, lanzado contra los muros y a más de 250 km/h pone los pelos de punta. Por suerte la inquietud e incertidumbre duraron poco, Nano estaba bien y el incidente sería pronto sólo un recuerdo desagradable.
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Su carrera, al menos en mi memoria, dejará otros rastros mucho más gratificantes y significativos. Como ése pedazo de adelantamiento a Ralf Schumacher, que además de un apellido ilustre tiene un coche que es un avión y una larga experiencia en grandes premios. Pues nuestro asturiano le pasó como si fuera un aficionadillo metido a carrerista. Cosas así sólo las hacen los más grandes, los llamados para la gloria, los campeones.
Otra muesca en mis recuerdos: su capacidad de lucha, su afán de superación, su infranqueable fortaleza. Tres paradas en boxes, una penalización, un motor agonizante, una pista infernal, la presión de ser el centro de atención de media España (por lo menos)... Nada hizo que Alonso flaqueara ni un instante, que se conformar o se rindiera. Porque para los mejores no existen las excusas ni las lamentaciones, sólo la codicia y la lucha. Y no lo olvidemos: esto acaba de empezar.
