Tenis | Copa Davis

La Armada avista las semifinales

Ferrero y Moyá frenan el saque croata y aclaran la eliminatoria a falta de un punto.

<b>NÚMERO UNO.</B> Ferrero cumplió con su papel de número uno de España, venciendo al dos de Croacia (Ancic) y encarrilando la eliminatoria.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Los croatas son altísimos, atléticos, luchadores, competitivos. Saben de barricadas, de guerras civiles y de baloncesto. Sacan a 200 por hora o más. Pero lo que tienen enfrente se llama en inglés The Daunting Armada: La Armada Imponente o Temible. O Aterradora. Así se refieren regularmente al tenis español los cronistas del New York Times. Vamos como motos.

El único secreto de The Daunting Armada es que en su puente de mando se instalan a día de hoy cuatro hombres que han jugado, como mínimo, la final de Roland Garros... más algunas otras cosillas. Llámenlo Dream Team. Aquí pasa ya un poco como con el Real Madrid: si tienes cuidado con Figo, aparece Zidane. Si no, Ronaldo, Raúl o Roberto Carlos. En el equipo español de Copa Davis se concentran unos argumentos y una munición superiores a los de cualquier otra selección mundial, quizá con la única excepción de Australia y en las Antípodas.

Terreno propicio. Pero en tierra batida, en la arcilla roja y al nivel del mar, como sucede en Valencia, esta Armada alza un campo magnético de fuerzas y de restos que no pueden traspasar ni siquiera saques a 216 kilómetros por hora. A esa velocidad llegó a servir Ivan Ljubicic en la muerte súbita del primer set, que arrebató a Moyá con cinco aces.

De nada sirvió el saque monstruoso: al zarpazo del bosniocroata que emigró de la República Srpska, Moyá opuso ritmo de derecha y finura. Desnudó a Ljubicic y le dejó sólo con las bragas de esparto del saque. Para escapar, Ljubicic hubiera necesitado también cinturón de castidad.

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Héroe local. Charly perdió su servicio una sola vez, la que generó el desempate en el primer set. En la tercera manga, con 5-4 y 0-40, levantó juego y set, y remató su primer éxito ante Ljubicic, entre la alegría de los periquitos que sobrevolaban al croata y de Roca, la linda perrita de Ferrero. ¿Ferrero, dice usted?

Pues Ferrero, corazón rubio de Valencia, lidió con la presión de ser el héroe de casa y, a derechazos, despidió en tres sets a Ancic, croata espigado y prometedor: ya le hizo lo mismo en el Open de Australia. La soledad de los porteros ante Zidane, Figo, Raúl o Ronaldo, es idéntica a la de Croacia ante la Armada. Hoy, dobles. Y mañana, semifinales.

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