Yo digo José Ribagorda

Entre el fútbol y la guerra

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Menos mal que este fin de semana volverá a rodar el balón por nuestros estadios. Por fin retornarán las eternas polémicas por las actuaciones arbitrales y actualizaremos esa sensación de sinvivir ante la angustia que provocan los resultados adversos. Bienvenidas sean todas esas agrias polémicas y desasosegantes angustias que nos van a servir para olvidarnos del tremendo horror bélico que viste de estruendo estos convulsos días de guerra en Irak que nos está tocando vivir. Por eso mismo, necesito como el agua que al socaire del vermouth de cada lunes me pregunten por las dudas o la buena racha que ahora atraviesa y vive el Atlético en vez de por la marcha del detestable conflicto armado. Anhelo imbuirme una vez más en el fragor de deportivos enfrentamientos para despejar mi conciencia de las pavorosas imágenes que nos dejan los fratricidas combates.

Estos parones ligueros, por los compromisos de nuestra Selección, nos suelen dejar huérfanos de esa sana y ociosa cotidianeidad. Se imponen, en ese tiempo, los sinsabores de realidades muchísimo más crudas. Quiero que, en breve, las jugadas de ficción del Niño Fernando Torres, las tarjetas rojas y los penaltis señalados en nuestra contra o hasta el discurso irritado del técnico Luis Aragonés sirvan para evadirme de tanto absurdo misil y de tanto fantasmagórico carro de combate.

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