Cara amable de la FIBA
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Mala suerte para el baloncesto europeo. Tantos años suspirando por una división autónoma en la FIBA y a la postre llegó en el peor momento. Si Patrick Baumann tuviese el mando, el cisma con la ULEB y la Euroliga estaría ya resuelto de forma satisfactoria. El nuevo secretario general de la FIBA es un hombre sensato, conciliador, plenamente convencido de que todos, federaciones y clubs, deben remar en el mismo sentido, en sincronía. Pero el poder está ahora en manos del griego Vassilakopulos, presidente de FIBA-Europa, personaje altanero, monopolizador, genuino representante del añejo talante dictatorial de la entidad. Así que el acuerdo, necesario, imperativo, tarda en llegar. La negociación cordial se transforma en regateo farisaico.
Baumann, como Vassilakopulos, ha pasado por la Fundación Ferrándiz. El griego intentó el timo de la estampita, ofreciendo documentos presuntamente firmados por personas que nunca los habían suscrito. El suizo ha dejado la grata impresión de que, efectivamente, corren tiempos nuevos en la Federación Internacional. A su frente hay ahora un hombre sencillo e inteligente que sabe gestionar con generosidad.
