Martínez, un campeón íntegro
Manuel Martínez estuvo ayer en televisión. No es fácil verle, porque rehuye ir a programas de variedades, temeroso de que le hagan levantar un coche para presentarle simplemente como un forzudo. En esto hace bien, que en ocasiones se siente vergüenza ajena de ver a nuestros campeones haciendo tonterías. Y es que cuando se sube la fama a la cabeza, uno hace también lo que no sabe y cae en el ridículo. Martínez, no. Martínez es un campeón íntegro. Lo demostró ayer en Lo + Plus. Lanzar no es sólo fuerza bruta para enviar lejos el peso, sino que requiere un trabajo y una técnica descomunales.
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Martínez nos descubrió que la técnica actual del lanzamiento evolucionó durante el siglo, y que cuanto más alto o grande sea el lanzador, mejor. Así la palanca es mayor, con el resultado de que se obtiene más recorrido y, consiguientemente, aumenta la aceleración del brazo, lo que se traduce en una mayor velocidad de salida del peso, que es lo que determina que vaya más lejos. También habló del origen de la prueba, que pudiera estar en los Highlands Games escoceses, donde se lanzaba una piedra de 16 libras (7,2 kilos), cuyo peso coincide exactamente con el del actual artefacto.
Él, que es un romántico, prefiere creer que es invento de los corsarios, quienes competían en las playas con unas bolas de cañón que pesaban también exactamente 16 libras. Martínez nos mostró también su humanidad y sus aficiones artísticas. Vimos al Martínez tal cual es, comprometido consigo mismo y con la sociedad, ejemplo de deportistas pues sin dedicación y entrega no hubiera llegado donde lo ha hecho. Él, que se sepa, nunca se cayó a la marmita de la pócima mágica. Sí, en cambio, que desde 1989 se entrena para llegar cada año un centímetro más lejos, ese centímetro que le hizo campeón del mundo.
