Wilkinson reina en el planeta rugby
El Seis Naciones, a seis meses del Mundial, ha ratificado que el apertura inglés es el mejor jugador del mundo

Cuando el hoy veterano Jason Leonard (por aquel entonces ya jugador de la selección inglesa) vio correr a aquel renacuajo de diez años por Twickenham, no podía ni imaginar que una década después acataría sus órdenes sin rechistar. Y mucho menos que incluiría el juego a la mano en el libreto de ataque del quince de la Rosa, aparcando el centenario juego de delantera.
Ayer, en Lansdowne Road, en Dublín, en casa de su gran amigo y compañero de generación, el talentoso ala irlandés Brian ODriscoll, Wilkinson devolvió el Grand Slam a Inglaterra ocho años después.
Este superdotado para la práctica del rugby, pese a sus escasos 177 centímetros de altura que encierran 90 kilogramos de músculo, es actualmente el mejor apertura y jugador del mundo. Con permiso del australiano Gregan. Los dos playmakers resolverán el dilema de quién ocupa el trono mundial en la Copa del Mundo del próximo mes de octubre en Australia.
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Johnny, hijo de Phil, que jugaba de octavo en Alton, y Philippa, entrenadora de squash, ya corría tras un balón oval con tres años. Deporte que compatibilizaba con el cricket y el tenis en su Hampshire natal. Nacido el 25 de mayo de 1979, el pequeño de los Wilkinson siempre fue prematuro. Con diez años jugaba en un equipo de chicos de doce, a los 16 ya jugaba en la selección Sub-21 y a los 18 se convirtió en el jugador más joven en vestir la camiseta de la Rosa. El mítico capitán inglés Rob Andrew le definió con una frase célebre: "Lo que yo aprendí en cinco años de partidos internacionales, él lo ha asimilado en seis semanas".
Así es Wilko, un amante del entrenamiento que cada 25 de diciembre se va a patear con su padre y su hermano Brian tras la comida de Navidad. Un chico tímido que se refugia en el cine y la lectura. Es el Maradona del rugby, el Jordan oval.