Moyá y Agassi, en la final del carisma
Srichaphan y Albert Costa nada pudieron hacer ante los dos ases.


Filosofaba el existencialista ateo Jean-Paul Sartre de este modo: "El gran problema del fútbol es que existe el equipo contrario". Trasplantado al tenis, el gran problema de este juego es que tu rival sea Andre Agassi. Al menos, mientras Charly Moyá no demuestre hoy lo contrario en la final del Key Biscayne.
La final del Key Biscayne, en Crandon Park, ante 14.000 espectadores y algunas decenas de caimanes y tiburones del acuario de Miami en la piscina de al lado, es, oficiosamente, la final del quinto Grand Slam: al mejor de cinco sets, al calor tropical de Miami y con los caimanes a pie de esa pista dura, veloz, sintética.
Y esa final de hoy van a jugarla los dos tenistas más en forma del mundo en este momento. Y con más carisma. Y con dos señoras de tanta envergadura como Estefanía Graf (Dios mío, cómo iba ayer...) y Patricia Conde torciendo por sus hombres. La alemana de nariz y cuerpo impresionantes, por Andre Agassi, claro. La ex Miss Palencia, por Charly Moyá, evidentemente. En doble mixto, ventaja para el dúo Agassi, aunque con una de Palencia en acción nunca se sabe: ver sección Marta Domínguez.
Agassi y Moyá han jugado dos veces, ambas en París: en Roland Garros, en 1999, Andre, rumbo al título, eliminaba a Charly: un partido majestuoso. Este invierno, Moyá empató a uno sobre la moqueta de Bercy.
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Para el contracturado Costa, Andre fue ayer uno de esos problemas de Sartre: el mal 48% de primeros servicios de Albert permitió a Andre restar salvajemente, marcar 13 puntos de break y llegar a la final en hora y 42 minutos.
Allí esperaba Moyá, el tío más sexy de Miami, que no dio una sola opción al thai Srichaphan: "Moyá sirve y juega mejor que yo y le gusta más que yo a las mujeres: así es imposible", filosofó el derrotado budista tailandés. Por look y saque, gana Moyá. Por calva y resto, Agassi. En derechas y señoras, empatan. A ver.