Sigue siendo el mismo
Fernando Alonso fue alumno del centro Santo Ángel de la Guarda de Oviedo desde los cuatro años hasta los catorce. Siempre compatibilizó perfectamente su actividad deportiva, desde sus inicios cuando aún era bien pequeño hasta que salió del colegio, con la escolar. Su dedicación al motor nunca incidió negativamente en su capacidad de estudio, como podría pensarse.
Su comportamiento fue impecable, siempre discreto y algo tímido, pero muy sociable en su relación con los profesores y compañeros. En este sentido, asombra ver como su evolución ha sido uniforme y se ha mantenido estable, con lo difícil que debe ser que el éxito no te cambie. Nunca se distinguió ni por ser conflictivo ni por presumir de sus hazañas deportivas. Jamás se creyó superior a los demás y les trató con el mayor respeto y afecto. Su expediente fue bueno y participó en las actividades habituales del centro. Tras las ausencias que tenía por las competiciones en las que empezó a participar, se incorporaba sin problemas a la actividad escolar.
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Seguí la carrera de Malaisia de Fernando, con un interés muy especial. Me maravilló reconocer en la rueda de prensa sus clásicos ademanes y movimientos, y me pareció estar viendo al niño que un día estudio en mi colegio.
Antonio Pastrana fue su profesor de Ciencias Sociales en octavo de EGB.