Atípico Estudiantes
Mejor que no gane títulos si deja de ser Estudiantes. Lo dijo tiempo atrás Juan Martínez Arroyo, uno de los símbolos del club del Ramiro, uno de los mejores bases que ha tenido el baloncesto español. Es una filosofía atípica en deporte (anteponer tradición a trofeos), pero me atrevo a decir que compartida mayoritariamente por la familia estudiantil, con su presidente a la cabeza ("Muchos nos iremos cuando este club deje de ser de patio de colegio").
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El domingo, en la faena de orejas y rabo contra el Barcelona, Estudiantes se definió a sí mismo. La rebeldía mejor que el trono. Lo importante es abatir al opresor, no para ocupar su lugar, sino por el enorme placer de la insumisión. Por eso Estudiantes se vació frente al dictador de turno, Barcelona, sin reservar energías para el crucial choque de Copa ULEB frente al Pamesa, que puede abrirle las puertas hacia una gran final.
Todo ello, por supuesto, dentro de unos mandamientos donde los valores humanos eclipsan a los estrictamente deportivos. Formar antes que ganar, cantera antes que fichajes, labor social antes que comercial. Conjugar todo eso con la alta competición parece misión imposible, como la generosidad en una partida de póker. Pero, de algún modo, Estudiantes lo consigue. Este año, José Vicente Hernández y sus jugadores están más cerca que nunca de un gran título. Pero sería un éxito adicional. El suyo es, sencillamente (¡y nada menos!), hacer camino.
