Rendidos a la magia de Zidane
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Disfrutar del ingenio de Zidane es una dosis extraordinaria de placer futbolístico. No hay futbolista más dulce con el balón, más dinámico, más inteligente y más resolutivo. El madridismo goza con la aportación de su talento en cada partido y el Real Madrid multiplica por diez la capacidad de maniobra cuando el francés está inspirado, que es casi siempre. Ayer asomó la cabeza Zizou por encima de un centro del campo supertransitado, encontrando huecos, inventando pases increíbles y dominando la pelota con una sensación de seguridad abrumadora. El Depor intentó ponérselo difícil con ese muro de hormigón que es Mauro Silva. Pero nadie pudo con él. Perdón, sí pudieron con él: Scaloni tuvo la mala idea de meterle una rodilla como un puñal y mandarle al banquillo.
Para entonces Zidane ya había dejado la huella larga y elegante que acostumbra. La muesca esta vez fue doble, con un gol oportuno al borde del descanso, y con una asistencia a Ronaldo de esas que sólo un superdotado puede fabricar. Aquí, en este pase de difícil explicación, uno se pone en pie para defenderlo como el futbolista más futbolista de los que hoy están en activo. La asistencia es un pase con el exterior, a pierna lanzada, metiendo el balón entre dos contrarios, medido al pie de Ronaldo, que le espera a quince metros. Una preciosidad por sorprendente, por contundente y por ejecución. Zizou maniató al Depor desde la medular cobrándose la venganza del Centenariazo que tanto le dolió. El Bernabéu se rinde al mago del balón que viste de blanco.