Cero patatero
Un Betis sin remate y en crisis y un Málaga cansado y a la defensiva componen un canto a la mediocridad


La célebre parábola de la tienda de los 20 duros define mejor que nada este partido, lo que le está pasando al Betis, y las cosas del inventor de la parábola: señor Ruiz de Lopera, si el Betis tiene que salir de la crisis con César y Joao Tomás en punta, en La Rosaleda, o en el sitio de Basora, que lo mismo hubiera dado, entonces esto es... la tienda de los 20 duros. Para más razón, fíjese usted en la clasificación, señor Ruiz de Lopera, mire hacia arriba y vea dónde está la ex tienda de 20 duros del barrio de Nervión, que a estas alturas ya parece el Manchester United si se compara con sus criaturitas.
Ante un Málaga cansado, a la defensiva y que trataba de achicar balones y espacios con la voracidad casi física de Musampa, el Betis compareció con estos argumentos: la prima de su señor presidente. El estado de nerviosismo de Víctor Fernández. Alfonso, en rehabilitación. Juanito, que no quería hacer el ridículo y se quedó en su casa. Capi, con su pubis. Denilson, con pupa en la rodilla. Y en el campo, César y Joao Tomás: para qué más. Para qué menos. A los nueve minutos, una descarga de Iznata sacudió el poste izquierdo de la portería de Prats. A las 17: 24 horas de esta tarde de Idus de marzo, el Manchester United de Nervión, perdón, el Sevilla de Caparrós, adelantaba en la general al Betis de Lopera: de Lo-pe-ra.
Todas las profecías que anunciaron en otros idus de marzo el apuñalamiento de Julio César, los caballos que cantaban en El Fontanal y las perritas que ladraban en Heliópolis tras la operación de Alfonso, no servían de nada a las 17:24 horas del 23 de marzo, festividad de San Toribio, véalo usted, señor Ruiz de Lopera...
Sin velocidad. La clave de la nueva y flamante tienda de los 20 duros en que se ha convertido el equipo del Real Betis Balompié se encuentra en un solo pecado capital, avaricia al margen. En el caso del equipo del Betis, se trata del derrumbamiento de esa velocidad con que las flechas verdes circulaban a comienzos de Liga entre la segunda y tercera línea del 4-2-3-1, en busca de... Alfonso. No de Joao Tomás, claro.
Tras el chutazo de Iznata, el Betis intentó jugar a algo, sin saber a qué. El poste Canabal y la pesadilla teñida y mestiza llamada Darío Silva fijaban las subidas de la defensa bética: bastante tenían Ito, Assunçao, Arzu y Filipescu con cruzar los dedos y rezar. Porque en la media, Kizito Musampa ("la madre que lo parió, como corre este tío", dijo Serra Ferrer cuando lo vio con el Ajax) hacía la raya para impedir la progresión de los verdes y negros. Negros, sobre todo. Porque, en ataque, el Betis era un dolor.
Lo que Peiró proponía al Betis era una coraza con forma de anzuelo: la idea era defender y sorprender con máxima reserva de energía. Pudo tener éxito, si Iznata hace gol. Pero al descanso, cero. El Betis sólo había disparado una vez: misil de Assunçao demasiado lejos de su distancia ideal. Paró Arnau, claro. Al final, más cero. Con el Málaga en trincheras, rehén de sus propias sospechas, el Betis delató sus miserias. Joaquín se fue dos veces en una loseta, pero centró... para nadie. Víctor activó a Denilson, pese a la pupa en la rodilla, y el Betis, sin Assunçao, se estiró cuando decrecía el ritmo del Málaga. Más nada, más cero.
Y a las 19:00 horas de este domingo de Idus de marzo, la ranita de Nervión se convirtió en Blancanieves Manchester United y Torrado en Beckham, cuando en Heliópolis se abría la tienda de los 20 duros. Fíjese usted qué milagros, señor Ruiz de Lopera.
EL DETALLE
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