El éxito español no es ningún misterio
El salto de calidad del atletismo español es evidente desde el momento en el que Francia e Italia, nuestros enemigos naturales, han dejado de ser rivales. Ahora resulta que nos codeamos con Alemania e Inglaterra. Los dos países son auténticas potencias en el atletismo. La actual Alemania, porque reúne a la antigua RFA, donde el deporte era religión, y a la extinta RDA, donde era política de alto estado. Inglaterra, porque se beneficia de un atletismo colonial y del Caribe le llegan velocistas y saltadores de una calidad natural difícil de encontrar en otra parte del mundo.
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La clave del éxito está en la gestión personal de Odriozola, presidente de la Federación Española, por potenciar todas las especialidades. Gracias a su apuesta, el equipo ha regresado con tres medallas masculinas y tres femeninas. En velocidad Glory, aunque sea de origen nigeriano, mejora su técnica entrenada por Blanquer, en mediofondo, en fondo, en saltos y lanzamientos. Si llega a hacer caso a Cortés Elvira, cuando éste era secretario de Estado, no habríamos salido de pobres. Le recomendó emplear todos los recursos en el mediofondo y la marcha, y olvidarse del resto de las pruebas.
Odriozola hizo lo contrario: contratos a entrenadores de todas las comunidades para que buscaran y formaran atletas. Cuando aparecían, les daba mimos en forma de becas, con arreglo a un baremo de marcas establecido, nunca superior a los 21.100 euros. Y así, gracias a la dedicación y a los conocimientos de entrenadores como Blanquer, Burón, Martín, Granado, Díez, Torralbo, Alonso, Alcaide, Serrano o Álvarez se ha formado un equipo capaz de batirse con las grandes potencias y de despertar el interés de Estados Unidos por saber qué hacemos aquí. Pues ya lo saben. Ustedes y ellos.
