La plata de Lamela también es de oro
Yago Lamela fue campeón del mundo durante 1.13 minutos. El tiempo que separó su sexto salto del de Phillips. Quizá un poquito más de tiempo: 1.40 minutos, porque realmente hasta que se midió el salto del estadounidense no estaba claro quién había llegado más lejos. Lamela se había ido hasta los 8,28 metros; Phillips, por ahí, por ahí. Tan por ahí, que la diferencia a su favor fue de un centímetro. Por esa ridiculez ganó el oro Martínez el día anterior, o sea que la suerte se reparte entre los campeones. Si bueno era Martínez por ese centímetro de más, igual lo es ahora Lamela por ese centímetro de menos.
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En el deporte de alto nivel las diferencias suelen ser esas, salvo cuando un súperclase se hace presente. Por eso lo verdaderamente importante no es ganar o perder, sino estar en la lucha por ser el mejor. Y nuestros atletas llevan estando desde hace tiempo. Unas veces ganan y otras pierden. Y por un centímetro o una centésima no van a dejar de ser peores o mejores. Lamela compitió por el oro hasta el último salto y eso es lo que vale, no el ponernos a discutir matices. Que si Lamela saltó a 8,4 centímetros de la tabla y Phillips, a 7,1, por lo que su salto real fue de 8,364 y el del estadounidense, de 8,361.
Vale la actitud, la casta, el trabajo, la ambición. Como la que se está viendo, en general, en todos nuestros atletas. Marta Domínguez corre hasta la extenuación tras un oro imposible, Reina y Mayte Martínez se dejan la vida para entrar en las finales, Carlota Castrejana compite con tal afán pese a no aspirar al podio que bate el récord de España. Eso es lo que vale y lo que ha hecho grande al atletismo español. No vale el ejemplo de Higuero, que al verse sin medalla se paró y entró con Parra en última posición. Cuando no se sufre para ser quinto, tampoco se sufrirá para ser primero. Ese no es el camino.
