Defensa al ataque
Héctor, que provocó un penalti con su constancia, y Naybet, que marcó por su tenacidad, tumbaron al inoperante Rayo

Cuando estás jugando con el pan de alguien nunca esperas que te respondan con caricias y carantoñas, porque la ansiedad suele agriarte el carácter y endurecer las formas. Por eso, el Rayo que saltó ayer a Riazor sorprendió por su imagen bizcochona y su pegada inocente. Cualquier parecido con un equipo en situación desesperada era mera coincidencia.
De arranque el Rayo amenazó con enmarañar el centro del campo amontonando jugadores. Pero, para sorpresa del respetable, se puso a tocar el balón con cierto criterio e incierta intención. Con Iriney de quarterback y Bolic de boya, los vallecanos atacaban por las orillas y convertían la medular en un callejón sin salida para Tristán, que echó en falta el glamour de Delle Alpi.
El Depor con el talento secuestrado en esa maraña de piernas, concedió protagonismo al tesón. Así, Héctor, un talentoso del tesón, abrió la lata vallecana forzando un penalti después de perseguir con fe un balón anónimo. Quevedo, en su versión de central desubicado, atropelló al almeriense y Makaay convirtió la falta máxima, Tristán mediante, después de que Diego colocará el balón en el punto fatídico. La única patada que el Rayo dio en la primera parte fue a destiempo y desubicada (dentro del área).
Los visitantes siguieron con sus visitas guiadas (por Naybet y Andrade) al área deportivista para saludar al reaparecido Molina. Hasta el Deportivo daba más patadas... El psicólogo tiene mucho trabajo en la calle Payaso Fofó.
Un espejismo. En el arranque de la segunda parte Mora puso en un compromiso a Molina con un remate duro, raso y centrado que el valencianista se quitó de encima con los pies. El partido era de pijama y palangana, que decía Don Camilo. Uno no quería y el otro no podía. Fran, Valerón y Luque saltaron al terreno de juego por parte de los locales, mientras que Cembranos, Bolo y Camuñas ingresaban en el campo por parte visitante. Los relevos hicieron albergar alguna esperanza al personal, pero ni por esas. El encuentro se eternizaba por la desidia de jugadores y grada, que cayó rendida ante el potente somnífero que administraban Deportivo y Rayo. En el minuto 83 ocurrió algo, malo para el Rayo, por supuesto. Un agarrón inocente de Corino ¡a 20 metros de su área! dio con los huesos del central en la ducha antes de tiempo.
Y entonces apareció Naybet, que recuperó un balón y se marchó al ataque con ese descaro que exhibe cuando pone el piloto automático. Dio una asistencia a Luque, que Segura salvó in extremis, pero la pelota quedó muerta y el marroquí aprovechó su excursión al área rival para empujar a la red el que significaba su primer gol de la temporada.
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La iniciativa de dos defensas (Héctor y Naybet) fue suficiente para tumbar al Rayo. Dos arranques de genio son argumentos muy pobres para hincar las rodillas, pero los madrileños lo hicieron. Lo justo para un Deportivo que sólo pensaba en sumar los tres puntos para seguir dejando cadáveres en el camino hacia la Liga. Y el Rayo evidenció su situación alarmante, por desidia, indolencia, indiferencia... Un partido lamentable para el espectador, aburrido para el jugador y muy difícil para el cronista.
EL DETALLE
Tristán, 21 de 21
Tristán fue sustituido en el minuto 74 por Albert Luque, con lo que engorda su particular récord. 21 partidos jugados y ninguno completo.