Atletismo | Birmingham 2003

Salto de plata

Yago Lamela perdió el oro por un centímetro (8,28) ante Phillips (8,29).

<b>VUELO INSUFICIENTE.</B> Los 8,28 de Lamela sólo le valieron la plata.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Yago Air Lamela Yago, presuntamente imbatible, perdió ante Dwight Phillips el oro de Birmingham por culpa de Brian Johnson. ¿Quién es ese Brian Johnson y por qué escribe usted una nueva boutade? Pues el tal Johnson, de la Universidad Southern, es, desde ayer, el nuevo campeón universitario en sala de Estados Unidos con un salto de... 8.28 metros. Justo: tanto como Lamela en la final del Mundial y un centímetro menos que Phillips, que sueña con emular a Carl Lewis.

El problema para Lamela es que, en la etapa de crisis y transición que vive el salto de longitud en Estados Unidos, un grupo de saltadores decentitos, entre ellos Phillips, se vienen "marcando" con vistas al billete olímpico para Atenas. Ayer irrumpió Brian Johnson. Y Phillips e incluso Miguel Pate se dejaron la piel y los tendones en el foso del National Indoor Arena para conseguir crédito a un año vista.

No es que Lamela no se dejara la musculatura y la voz de su entrenador, Blanquer, en el intento. Yago relata que "en el segundo salto, en el de 8.13, senti un pinchazo en el aire ("Air Lamela") en los isquiotibiales".

Eso debe doler lo suyo, cuando se ataca la tabla a una velocidad de 10.8 metros por segundo y a una inclinación de 23 grados, como hace el asturiano. Pero tuvo que doler mucho más, porque Phillips mandaba en el concurso con 8.23 desde la segunda tanda. Entonces, Yago hizo de tripas corazón, se olvido del aire y se convirtió, según propia definición en "kamikaze". El Kamikaze Lamela, por el Imperio de Blanquer hacia el Dios de las medallas y de Odriozola, se lanzó hacia el foso como si éste fuera uno de esos malvados portaaviones yankees: 8.20 en el cuarto intento. Ya era "Rocky": "No hay dolor, no hay dolor..."

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Y en el sexto intento, Yago, una roca dolorida en el aire de Birmingham, se estiró hasta 8.28, con el oro entre los dientes. Pate ya estaba en 8.21.

Pero Phillips, escapado de uno de los peores guetos de Georgia, aún tenía una bala o un látigo, con el nombre "Brian Johnson" grabado a hierro: lo mismo que Pate. Phillips aterrizó a 8.29 metros de la tabla y se puso a correr, a llorar y a rezar como un poseso. Se abrazó a Lamela y le dijo que era un gran competidor. Eso no lo hacía Lewis, quien sí saltaba habitualmente 8.65, 8.70. Si no termina con uno de los billetes para Atenas, Phillips quizá tenga un sitio en el campamento de pretemporada de los Hawks.Y cuando Phillips se aseguró el oro y vio a Dios, a Lamela, que había dado las gracias al americano, sí que empezó a dolerle todo. Por ejemplo y sobre todo, el isquiotibial izquierdo, según se mira a Valencia, a casa de Blanquer.

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