Como Martínez no hay ninguno
Martínez no es el mejor del mundo porque ayer ganara. Un centímetro es, al fin y al cabo, insignificante diferencia. Mírese la uña y eso es un centímetro. Un centímetro, en cuestión de lanzamientos, depende de que se varíe un grado el ángulo de cualquiera de los gestos técnicos del brazo, de las caderas, de los pies... Esta es la razón por la que ganar es una lotería. Ayer le tocó a Martínez. Por eso, decía, no es el mejor del mundo. Lo es aunque no hubiera ganado. Lo es porque no hay lanzador en el mundo que haya estado en la lucha por las medallas en las últimas seis grandes competiciones.
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Hablo de Juegos Olímpicos y de Mundiales y Europeos, tanto al aire libre como en pista cubierta. Martínez era ayer el único lanzador que había disputado todas las finales. Godina, como estadounidense, no estuvo en las de los Europeos, lo cual no deja de ser una ventaja pues se puede permitir un año sabático. Del resto, todos habían fallado en alguna. Martínez, jamás. Ya había ganado un oro en unos Europeos y un bronce en unos Mundiales, pero del sexto puesto jamás había bajado. Sólo Godina, con dos oros mundialistas y un bronce olímpico, podía presentar mejor palmarés.
Pues ganó hasta a Godina. Y a Bilonog, el campeón europeo, y a Olsen, dos veces subcampeón europeo el año pasado, y a Harju, el campeón olímpico. Porque a Martínez esta vez le tocaba ganar. No por insistencia, sino porque lleva años entre los mejores del mundo, gane o no gane. Mejor, por supuesto, que ahora oficialmente lo sea para mayor gloria del atletismo español y suya personal, que se la merece como pocos. Por buena persona, por deportista ejemplar y, ¡qué caray! porque ayer ganó el título en los Mundiales. Que los demás hubieran espabilado y afinado más un grado en el ángulo de lanzamiento.
