Atletismo | Birmingham 2003

Campeón del mundo

Manolo Martínez ganó el oro en Birmingham con un lanzamiento de 21,24.

<b>PRIMERA MEDALLA.</B> El lanzador leonés Manolo Martínez le dio al atletismo español en los Mundiales de Birmingham su primera medalla.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Manolou es todo un hombre”. El coloso humillado, el estadounidense John Godina, tricampeón del mundo de lanzamiento de peso, con el cuello de búfalo enrojecido por el talco y la derrota, mira y habla tristemente a Manolou, Manolo Martínez. Pero John Godina se queda corto. Porque Manuel Martínez es el Titán. El León de León.

Los leoneses antiguos eran magníficos señores batalladores que se las tenían tiesas con la morisma por Calatañazor y esos andurriales. El leonés del Siglo XXI es este SuperManolou, un titán de 137 kilos de peso que se viene a Inglaterra a firmar hazañas de auténtica leyenda: como descolgar un campeonato del mundo, bajo el techo de Birmingham, del cuello restallante del campeonísimo Godina. Que no se olvide: John Godina se entrena fastuosamente en UCLA y al sol de California. Martínez hace lo que puede en León, en condiciones que, comparadas con las del norteamericano, son como si aquellos leoneses guerreros se fueran a recuperar Irak a lomos de Babieca y con espadas de madera.

Cerco a los 21 metros. Con un lanzamiento de 21,23 metros, el monstruo Godina adelantó a Martínez en la tercera ronda de la grandísima final. Superman, Supermanolo, Supermanolou, admirador del ex baloncestista croata Drazen Petrovic y del corazón de los pitbulls, iba primero al final de la segunda tanda con un lanzamiento de 21,14 metros. Y, pese a las amenazas de Bilonog y Harju y el halo blindado de Godina, el espíritu guerrero del león leonés no se vino abajo. Todo lo contrario. Y llevó a su brazo, implacable, a seguir cercando los 21 metros en cada tiro: 21,07; 21,01; 20,70.

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Llegó la sexta ronda, el último disparo para ambos en Birmingham. La Sonata a la Luna Llena, aquel bombardeo de Coventry, fue el vuelo del peso de Martínez, directo al corazón de Godina, a la medalla de oro y al peldaño más alto del podio: 21,24. El rugido de Manolou invadió el National Indoor Arena, alborotó a los españoles y sobrecogió a Godina, como si se hubiese tratado de Almanzor.

John Godina, desquiciado, aún lanzó un último tiro, agónico y de trámite (20.66). Godina: tres veces campeón del mundo, dos podios olímpicos, un par de premios Jesse Owens. El león de León, en el último lanzamiento, derrumbó todo eso por un sólo centímetro, en un puro rugido triunfal, ancestral. Y así, se vistió de sangre y oro.

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