España inicia el asalto del mundo
La Selección está en Birmingham con el objetivo de firmar su mejor Mundial


Por la A-45 se va a Coventry, entre el espeso frío de los Midlands. "Coventrizaremos Inglaterra", dijo en 1940, Hermann Goering, el Mariscal del Reich, cuando los bombarderos Heinkel 111 de la Luftwaffe pulverizaron la pequeña Coventry: no Irak. "Españolizaremos" Birmingham: eso quiere la Armada del atletismo español. Ese sentimiento es el de Alberto García cuando el pequeño gran africano de Vallecas anuncia: "A Gebrselassie se le puede ganar".
Y es la llama de la caza que sacude al presidente José María Odriozola, que admite: "Me encanta que Alberto diga eso: porque claro que él puede batir a Gebrselassie". "Eso" sería españolizar Birmingham, por supuesto, lo que no se hizo ni en el Mundial de fútbol de 1966, y, además, sacudir los cimientos del planeta del atletismo.
En el National Indoor Arena comienza el Mundial bajo techo con buenos presentes, grandísimos ausentes y unas aspiraciones, las españolas, con los colores de la sangre y el oro: camisetas voladoras y medallas imperiales. ¿Cuándo se ha visto que los españolitos y españolitas, Alberto García, Yago Lamela, Marta Domínguez, Manolo Martínez amenacen de tal modo a los fondistas de Africa, a los saltadores americanos o a los lanzadores gigantescos?
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Aquí están, como dice Odriozola, "los mejores del mundo que hacen pista cubierta": dos de cada país por prueba: los velocistas ingleses, los grandes vallistas Anier García, Allen Johnson y Terrence Trammell. Los colosos del peso. Y Haile Gebrselassie. Y Wilson Kipketer. Y muchos hombrecillos voladores del altiplano de Kenya. Habrá un duelo femenino, semioculto y fenomenal, en las alturas de la pértiga: Svetlana Feofanova contra Stacy Dragila. Regresa, tras su humillación en la final de 200 de Sydney, John Capel, el futbolista americano de Florida que fanfarronea: "No perderé otra carrera: iré a Atenas, ganaré y me iré a los Chicago Bears".
Pero faltan Maurice Greene, Colin Montgomery, el "galgo" ruso Yury Borzakovsky, Marion Jones, que busca entrenador, y los sospechosos campeones griegos Constadinos Kederis y Katerina Thanou, que preparan el Mundial "grande", el de agosto en París, en retiros misteriosos, bajo la dirección de técnicos alemanes aún más misteriosos. Pero aquí estamos, de sangre y oro, como en la novela de Anne Rice, por Alberto, Yago, Marta, Manolo y todos los demás: los que quieren españolizar Inglaterra y Birmingham, te saludan. Mucho cuidado, maestro Gebrselassie.