No hubo color
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Un calco del Milán del último mes, más allá de las concesiones con Dalla Bona, Brocchi y Laursen, tres jugadores demasiado lejanos del primer nivel de una plantilla de lujo. Trató de tocar mucho el balón con Redondo, de mostrarse firme en defensa y de no precipitarse. Enfrente tenía un equipo muy superior, y además necesitado. No hubo color, la verdad. Ante una pareja Raúl-Zidane como la de ayer difícilmente el Milán hubiese tenido opción incluso con la clasificación italiana en juego. Al Milán le faltó remate, como en los últimos partidos. No extrañan los cuatro 1-0 de esta segunda fase ni el empate a cero ante el Chievo. Shevchenko no funciona, no es nueve y anda muy perdido. Rivaldo apareció bastante pero no dio demasiada sensación de peligro. Su gol no pasó de ser una anécdota en un Milán que amenazó pero no pegó. Nunca. Como ha venido siendo habitual en el último mes. Al final, Ancelotti temió un resultado más duro y poco a poco reforzó al equipo con más futbolistas de primer nivel. Entró Rui Costa por Dalla Bona y el centro del campo milanista mejoró mucho.
Faltó Inzaghi, el nueve que metió al equipo en esta Champions tras la pésima temporada pasada y es máximo goleador de los últimos meses. Sin Inzaghi, Shevchenko fue nueve, y no funcionó. Seedorf empezó con libertad cerca del área y se retrasó en la segunda parte. El Real Madrid fue mucho mejor y se dio un festival. Mientras el Milán tocaba la pelota y amenazaba por el nivel de muchos de sus jugadores, el Madrid golpeaba una y otra vez. Con más contundencia. Más fútbol, en definitiva. Ancelotti había dicho que el resultado no cuenta, pero partidos como el de ayer pasan factura.
