Liga de Campeones | Real Madrid - Milán

"Nos falta estadio para este partido"

Florentino Pérez, Jorge Valdano y Emilio Butragueño comieron ayer en AS, en vísperas del trascendental partido de esta tarde contra el Milán.

"Nos falta estadio para este partido"
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Digamos, antes de empezar, que fue una comida en off, sin grabadoras ni discursos oficiales. Digamos que fue uno de esos almuerzos distendidos (tendidos ya hubiera sido mucho) en los que sin que nadie llegue a quitarse la corbata se establece una moderada complicidad. Se habló de fútbol, del Madrid, del Milán, de lo mismo que hablaría usted si se pudiera tomar un café con ellos.

Florentino, de natural impecable, gana cuando se arruga levemente. Entonces se hace más irónico, incluso castizo, y se convierte en un presidente que parece un socio; de zona noble, eso sí, de los que se sientan dos minutos antes. Y esa actitud, por normal, se agradece, porque uno siempre se teme que quien tiene poder lo enseñe o que se le escape en risotadas o en sentencias o en medallones de oro. Y no. Tampoco he probado a llevarle la contraria, conste.

Florentino, en su papel, está absolutamente tranquilo con el partido de hoy, a vida o muerte, recuerdo. Imagino que para llegar a sus alturas también hay que dominar el método Stanilavski. "En choques así podríamos llenar varios estadios Bernabéu. Yo no estoy preocupado, confío en que ganemos y viajemos a Moscú ya clasificados. También espero que Ronaldo pueda jugar. ¿Que si el Milán vendrá con la intención de eliminarnos? Sólo sé que Galliani me llamó a Dortmund para felicitarme cuando marcó Portillo".

La conversación se distrae hacia Portillo, a la emoción de su gol, al interés de otros equipos, a sus representantes. Pocas horas antes, el presidente ha dicho en una radio que "el único riesgo para Portillo es que le confundan sus próximos. Qué mal ejemplo daríamos a los chavales de 16, 17 y 18 años si un jugador de la cantera mete un gol y al minuto siguiente los representantes ya están pidiendo dinero. Eso me parece que desde el punto formativo es una utilización impropia de una persona que dice defender unos intereses. Flaco favor haríamos a los jóvenes si les transmitiéramos que lo más importante es el dinero, el dinero hay que ganárselo". Alguien sonríe y asegura que a Florentino no se le escapan las cosas, siempre dice lo que quiere. No lo dudábamos.

Durante la charla, Valdano no actúa como un subordinado de Florentino, por si alguien lo sospechaba. Es un ente independiente con botones en el cuello de la camisa (un mínimo toque de rebeldía): Bromea, más bien, contraataca con ironía, juega las que le tiran. Al natural parece menos retórico y más alto. Cuando a los postres sale el nombre de Beckham (no se hagan ilusiones: se hablaba de fútbol, del bueno), Valdano se apunta al elogio y señala que sería un fantástico mediocentro, que el inglés es un centrocampista tirado a la derecha, un magnífico futbolista rodeado de periodistas del corazón. "Lo que le faltaba al Madrid", suelta alguien con ganas enredar... y nadie reniega.

Butragueño también ha venido y está igual que en los cromos, aunque intente disimularlo con el fijador. Dentro de los mitos del madridismo es el más humilde con varios cuerpos de ventaja sobre el segundo: todavía se ruboriza. Y un detalle: llama de usted a Florentino, como si fuera un canterano o un aprendiz, como si acabara de llegar, el Buitre. Se juega como se es, debió decir Valdano algún día.

Butragueño está sentado junto a Florentino y la relación que se establece entre ambos es de un tipo curioso porque el presidente que cantó sus goles ejerce ahora de padre, o de padrino más bien, y el futbolista que le puso de pie le pide ahora permiso.

Butragueño recuerda sus tiempos en México, "nunca viví mejor que entonces", aquella final con el Celaya, la música de Mónica Naranjo que les ponían antes de salir al campo; "no creo que a ti te excitara mucho" sonríe Valdano.

Pero hablábamos de mediocentros y, cómo no, llegamos a Redondo (el adorado). Hoy regresa y Florentino no se incomoda. "Ningún jugador se va de un club si no quiere hacerlo y tiene contrato en vigor. Nadie echó a Redondo. Tuvo una oferta mejor y decidió irse al Milán. Yo le hubiera respetado el contrato que tenía". Se discute entonces si Redondo sí o no, de si tenía profundidad, de si el equipo no avanzaba con su juego pero a cambio ganaba en personalidad, si era jugador sólo de grandes partidos, si acaso eso no era suficiente... se habla también de los mediocentros de ahora y se cierra la discusión, como una ducha de agua fría.

También hay tiempo para la actualidad, para hablar del estado de Ronaldo, de sus molestias, de si jugará. Nadie lo sabe, pero todos coinciden en que es fundamental en un partido como el de hoy. En opinión de Butragueño "Ronaldo y Raúl son los jugadores más decisivos del equipo", "Raúl" repiten varios, "Ronaldo" otros. El nombre del brasileño suena como un talismán, sin un reproche: pudo irse al Carnaval y prefirió quedarse. "Si los partidos se jugaran a vida o muerte yo siempre escogería a Raúl", dice Valdano. Pero hay quien se queda con Zidane, con su elegancia, con su estilo, como Di Stéfano. Cuentan que Zidane es el único futbolista por el que Di Stéfano siente verdadera adoración, que cuando le ve jugar susurra desde el palco "vamos maestro", también recuerdan que un día le preguntaron que a quien le recordaba el francés y que el genio respondió sin dudarlo: "A la Saeta".

Javier Pradera y Joaquín Estefanía, santones de El País, escuchan desde la barrera y preguntan lo que se pregunta la grada, cómo son los futbolistas de verdad, pero quién lo sabe.

Florentino habla de otros presidentes, incluido el extinto Joan Gaspart, del que asegura que siempre le trató bien y al que en más de una ocasión vio sufrir en el palco. Sobre las elecciones del Barça, el presidente del Real Madrid es de la opinión de que todavía saldrán más candidatos, pero mejor no meterse...

El revolucionario Piterman causó una gran impresión, primero en la comida y luego tras el partido, en su forma de aceptar la derrota. "Ahí es donde se ve el talante de algunos presidentes", asegura Valdano.

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Dentro del repaso general se alcanza, cómo no, a los centrales. Florentino tiene mucha fe en Rubén, "creo que será un gran central para el Real Madrid" y entre las dudas de algunos se recuerda la llegada de Benito, procedente del Rayo, donde jugaba como lateral. Nadie imaginó entonces que haría historia en el Madrid. Sobre los fichajes para esa demarcación, mejor no hablar, o mejor no especular, porque el presidente, salvo cambio monumental, no se gastará el dinero en alguien que destruya. Y surge una teoría interesante: ya llegará el momento en que Zidane pueda jugar más atrás, es alto, sabe organizar el juego... ¡Como Schuster!, exclama Tomás Roncero. No es mala esa estrategia de ir retrasando a la galaxia...

Guasch defiende el madridismo que late en Cataluña, el baño de multitudes en Terrassa; Salazar recuerda los tiempos en los en que el Bernabéu cabían todos porque la ciudad tenía un millón de habitantes, el Buitre aquel partido en Belgrado con 14 grados bajo cero... Fútbol, al fin y al cabo, sin cámaras delante ni grabadoras alrededor; sólo cabe preguntarse si hubieran sido muy diferentes sin periodistas por allí.

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