Rubén y Pavón tienen que crecer
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Sospecho que la presión de la semana ha podido con Rubén. Este chaval da más de lo que vimos ayer. Ya fuera por la responsabilidad o por ese dedo fracturado, la realidad es que anduvo tímido, inseguro y algo agarrotado. Y lo curioso es que si por algo sobresale este canterano en el equipo filial es por su arrogancia y dureza. Es un tipo echao palante que diría un castizo. Quiero entender que a Rubén le faltó ayer ante el Racing un padrino, un protector para relajar sus nervios, aconsejarle en el pase (corto o largo), ubicarle en la zona y explicarle cuál es la mejor solución según cada balón. Pavón, claro, no llega a la madurez suficiente para ser guía de nadie. Es más, aún está en proceso de descubrirse a sí mismo. En definitiva, las dos torres se tambalearon en cuanto apretaron los de Cantabria. Malo.
Malo que Rubén, especialmente, y en alguna medida Pavón, pasasen tantos apuros frente a Javi Guerrero y Nafti. El test ha dejado rastros suficientes para ponerse alerta ante lo que puede suceder el miércoles. Llegan Rivaldo, Inzaghi y compañía. El Milán pisa como el caballo de Atila en ataque y por ahí va a sufrir el Real Madrid. Si los médicos no encuentran manera humana y legal de recuperar a Helguera para esta cita, convendría que Del Bosque se volcara estos días en la preparación mental y técnica de los canteranos. Rubén y Pavón tiene que crecer como gigantes, asentarse con seguridad y firmeza y concentrarse. No valdrán excusas. Rubén lo dijo en AS: "Me corto el dedo por jugar ante el Milán". Ahí tienes el toro, chaval, ahora entra a matar.