Ibagaza castiga la indolencia gallega
Un gol del argentino remata el pase del Mallorca a su tercera final.

Gregorio Manzano exigió en las vísperas justicia para su Mallorca. Un equipo que arrolló en Riazor y al que sólo el poder ofensivo del Deportivo, ése que no tuvo ayer, y la incompetencia de Esquinas Torres complicaron su pase a la final. Manzano puede estar contento. Hubo justicia. Al Depor le faltaron ganas y fe, con 70 minutos por delante y a un solo gol de la final.
El Deportivo lleva media temporada ganando partidos en los minutos de la basura (Bayern, Málaga, Athletic, Alavés, Racing de Ferrol...). Por eso Irureta dejó clara la estrategia en Son Moix: vísteme despacio que tengo prisa. Y sin prisa, con equilibrio y sentidiño (el seny gallego), el Depor buscó las bandas para encontrar a Luque y Tristán, que avisaron... y quien avisa no es traidor aunque seas un ex. Pero fue Fran, el capitán, quien le clavó el diente a la Ensaimada. Más que celebrarlo, lo disimuló (un gesto delatador, sin duda). La calma chicha reinó durante quince minutos. Hasta que el Mallorca, empujado por la inercia de ir perdiendo, se deslizó hacia arriba y el Depor comenzó a encontrar espacios. Pandiani, en el minuto 40, hizo acto de presencia. Convirtió un melón en un disparo blando y centrado. Más que un remate fue un recordatorio. "Eh, chicos. Soy yo, El Rifle, y sigo aquí. Acordaos de lo de Riazor". Cuando Mejuto señaló el final del primer tiempo, el Mallorca tenía medio vacía la botella de la final. Y el Depor, medio llena. ¿Alvariño o pomada?
Noticias relacionadas
Casi todo o casi nada
Manzano mantuvo a su once más potable (las lesiones le debilitaron mucho) mientras que Irureta tiraba del gol de Makaay y el talento de Valerón. El Mallorca pisó dos veces el área de Juanmi y metió el miedo en el cuerpo visitante. Se mascaba el gol. El balón se aficionó a los mallorquinistas, limitando las opciones deportivistas. El empate estaba cerca... Un tiro de Novo al travesaño encendió las alarmas coruñesas. Fue lo único que encendió. El Depor se movió en una tibieza desesperante que no generaba ocasiones. ¿Sabían que les faltaba un gol? Lozano oscureció a Valerón y el Mallorca ganó protagonismo. Los corajudos intentos de Scaloni y Acuña eran insuficientes. La indolencia de los jugadores y la frialdad de Irureta (comparable a la de Norman Bates, Karpov o Panenka) era difícil de justificar. En esas, Ibagaza aprovechó un balón suelto en un saque de esquina y sentenció, aportando la ración de justicia que su entrenador solicitaba. El fútbol es justo. El Mallorca quiso. Está en su tercera final copera.