El doping mata, es así de sencillo
Asistimos estos días en Copenhague a la negociación más dura que jamás haya habido en el deporte. El inicio no ha podido ser peor. Fútbol y ciclismo desafían, con su ausencia, cualquier decisión que allí se pueda adoptar. No sé que cosas más importantes tendría que hacer ayer Blatter, el presidente del fútbol, para no asistir al foro donde se debate el marco en el que se desarrollará el deporte del siglo XXI, pero dijo que tenía problemas de agenda. Y el presidente del ciclismo, Verbruggen, no acudió simplemente porque no le dio la gana al estar en desacuerdo con lo que allí se debate.
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Si Rogge, el presidente del Comité Olímpico Internacional, lleva adelante las medidas que propone para los países y federaciones que no acepten el nuevo código antidopaje, no veremos más al fútbol y al ciclismo en los Juegos, algo que tampoco les importa mucho a estos deportes, que viven de sus propias competiciones. Pero la reunión de Copenhague no se celebra para separar, sino para unir, y mal acabará si a consecuencia de ella se produjera una escisión. Mas no conviene ser alarmistas. En cualquier negociación es normal que al comienzo las posturas sean muy radicales.
Es verdad que el fútbol y el ciclismo han puesto las cosas muy difíciles. Pues no habrá más remedio que buscar un punto de encuentro. Podría estar en la condena más absoluta del doping por una razón: el doping mata, el doping es el peor de los ejemplos. Si este fuera el punto de partida, mucho tendríamos ganado. Ahora, si queremos debatir el sexo de los ángeles planteando si Ronaldo o Araujo, todo un campeón de pentatlón moderno, son iguales en el deporte, estamos perdidos. Iguales cuando disputan la misma competición, los Juegos. Pero fuera de ellos a lo mejor es verdad que no son iguales.
