Hacia un nuevo orden mundial
La reunión que inicia mañana la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en Copenhague es importantísima. Tanto, que puede dibujar un nuevo orden mundial en el deporte. Esto sería debido a la implantación del código mundial antidopaje, que no admitirá excepciones. Si las hiciera vulneraría sus propios estatutos, entre cuyos objetivos está "armonizar y unificar las normas". El desarrollo del código habla de "sanciones idénticas para infracciones idénticas" y de que "es injusto que dos deportistas de un mismo país reciban sanciones distintas sólo porque practiquen deportes diferentes".
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Con esto la AMA trata de poner fin a las excusas de que no se puede paralizar la actividad laboral de los profesionales (reivindicación del fútbol, ciclismo y tenis) o de que una sanción larga prácticamente impide a los deportistas de corta carrera (los gimnastas) volver a la competición. Y el código es inflexible: sanción de dos años para el primer positivo y de por vida en el segundo. Además, elimina cualquier presunción de inocencia en cuanto haya una violación de las normas antidopaje. Sólo admite una amonestación previa a las sanciones citadas si se trata de un positivo light (cannabis).
El deporte que no acepte estas normas se saldría del orden establecido y quedaría excluido de los Juegos, de los Mundiales, o de cualquier campeonato bajo jurisdicción federativa. Su futuro pasaría por la creación de competiciones propias, al estilo de las ligas profesionales estadounidenses, a quienes la AMA anima a aceptar el código, pero no las obliga porque están fuera de su ámbito. Pues a lo mejor ése es el nuevo deporte del siglo XXI: a un lado, aquel cuyos ingresos no le permite tener una autonomía; al otro, el profesional que sí. Es decir, que la escisión sólo tendría motivos económicos. Así de claro.
