Alfredo se levanta
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Conocí a Alfredo cuando llegó a España en 1975. Le trajo Kid Tunero, aquel preparador cubano "bueno como el pan" que escribió de él Ernest Hemingway. Era Alfredo Evangelista, un muchacho grandullón y fuerte, un proyecto de peso pesado, que había perdido a su padre en el terremoto de Managua y aún lo buscaba luego Roque Evangelista apareció cuando Alfredo era un campeón popular para disfrutar de los éxitos de su hijo. El ayudante de Tunero en esa época era un joven que se llamaba José María Martín y al que todos apodaban Bufalo. Alfredo y él formaron una pareja inseparable.
Evangelista cuajó pronto. Con siete combates acabó con un decadente Urtain y con 16 puso en apuros a Muhammad Alí. Aguantó los quince asaltos y fue El Más grande quien sufrió para acabar la pelea. Perdió Evangelista, pero todo su crédito lo ganó aquel día. Fue un par de veces campeón de Europa, disputó dos el Mundial y vivió mucho tiempo en EE UU. Se retiró con 33 años en 1988, con 62 victorias, 13 derrotas y 4 nulos. La vida se le torció. La cárcel, las drogas, la enfermedad. Estuvo casi desahuciado. Ahora Moñino nos lo rescata. Alfredo ha montado un restaurante en Madrid. Se ha curado y vuelve a parecernos en las fotografías grandote y fuerte como cuando le conocimos. Y nos alegramos de verle a flote cuando ya le creíamos un juguete roto.