En defensa del deporte nacional
Comienza a extenderse en el deporte la idea de que hay que poner freno a la entrada de extranjeros. No se trata de un concepto xenófobo, en absoluto, sino de defensa de los intereses del deporte nacional. El deporte, mientras no se diga lo contrario, es deporte y, como tal, encierra unos sentimientos y unas emociones, que son mayores cuantos más próximos nos sean sus protagonistas. Otra cosa es el deporte transformado en espectáculo, tan lícito como cualquier otro, y donde priman los intereses comerciales sobre los deportivos. Ejemplo: el circuito de la ATP. Sólo va donde cobra.
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Pero cuando un deporte tiene la tutela estatal para representar al país, es subvencionado por las administraciones públicas para que los ciudadanos se sientan identificados y orgullosos en unos Juegos, en unos Mundiales, y se quiere convertir en una actividad mercantil, no están de más las medidas que protejan a los deportistas nacionales. Y si éstas comienzan a afectar al baloncesto será porque es el deporte que más ha abusado de contratar a jugadores extranjeros, muchos de ellos simples mercenarios que llegan con un pasaporte comunitario para tener abiertas las puertas de Europa.
Sobre sus intereses y los de los comisionistas, están los del deporte nacional. Así lo han entendido en Italia y hasta en la mismísima NBA. Ahora se quieren implantar también normas en España. La ACB pondrá el grito en el cielo. Mas no se trata de coartar su libertad, sino de armonizar intereses. La ACB, si quiere, puede independizarse, cerrar la competición, fichar sólo a gente de la Conchinchina, pero mientras no sea así, la especificidad del deporte permite establecer pactos que vayan a favor de todos, no de unos pocos, porque el baloncesto, que se sepa, no es un negocio privado en España.
