Liga de Campeones | Deportivo 1 - Basilea 0

Misión cumplida

El gol de Tristán dio los tres puntos al Deportivo. La victoria del Manchester en Turín iguala a los blanquiazules con la Juve.

<b>SIGUE VIVO</B>. Con la victoria de ayer por el gol de Tristán, el Deportivo se la jugará en el encuentro de Turín contra la Juventus.
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El Deportivo es masoquista. Ayer ganó agónicamente con un solitario gol de Diego Tristán que significó seis puntos y cuatro goles. Los tres puntos de Riazor más los tres que no sumó la Juve y los tres goles que el Manchester anotó en el debe de los turineses. Es decir, la máxima de las victorias mínimas. Y todo ello ante un Basilea indolente en ataque.

De arranque, el Basilea centró sus miras en el perfil izquierdo del ataque, quizá porque Naybet, el mejor en Suiza, tapaba el flanco diestro. Por allí se dejó caer Hakan Yakin, el único creador del fútbol visitante. En el Deportivo, Irureta propuso un equipo con dos caras diferenciadas. Por la derecha el tesón y la entrega de los infatigables Héctor y Scaloni. En el hemisferio zurdo, Romero y el talento de Fran acompañados por las apariciones de Tristán. El partido amaneció movido. Así, al minuto Giménez desperdició un inmejorable servicio de Yakin. Tres minutos más tarde, una cabalgada de Héctor era rematada por Tristán, quien comienza a reconocer la portería rival como algo familiar, con la inestimable ayuda de Zubi. Olía a Alavés.

Suspense aéreo

El Basilea no alteró su discurso. Fútbol directo. Los córners eran una exhibición de carencias. Las defensivas, del Deportivo, y las ofensivas, del Basilea. Mientras el Depor atrincheraba al Basilea en su área con más intención que peligro real, Giggs marcaba el primero en Turín. Los lanzamientos lejanos de Sergio, los centros de Romero y las llegadas de Héctor componían un plácido panorama que se veía salpicado de incertidumbre cuando el balón surcaba el espacio aéreo del área gallega. Caían los minutos cuando el Carrusel traía la buena nueva: Giggs marcaba el segundo para el Manchester, lo que sobredimensionaba la importancia del gol de Tristán. Y contentos, más por lo de allá que por lo de acá, acabó el primer tiempo.

La reanudación presentó a un Depor más incisivo. Con esta premisa el desenlace sólo podía ser uno: el gol. Scaloni y Héctor convirtieron la banda derecha en un pasillo y Gross, que no le veía buena cara al partido, apostó por Rossi. Entonces Jabo, entre gritos de Valerón y fallos del Basilea, sacó a Amavisca. El partido estaba demasiado abierto para un Depor que jugaba con fuego. Y entonces ocurrió. Irureta llamó a Valerón y el Manchester, contagiándose de la alegría de Riazor, marcó el tercero. El Depor se desató como prólogo a la entrada del canario y Valerón sustituyó a Tristán en medio de una ovación en la que se entremezclaban los aplausos que despedían a Diego con los que saludaban la entrada del de Arguineguín. Sus dos primeros pases estuvieron a punto de dejar solo a Makaay. Valerón equilibró al Depor. Duscher y Sergio tapaban, Amavisca y Scaloni ensanchaban el campo y Makaay finalizaba. Y en medio el 21. El Basilea se fue arriba y sacó un delantero por un pivote, lo que descargaba de tráfico el área de influencia del canario. Pero la incertidumbre obligaba al Depor a mirar el retrovisor cuando se iba arriba, por lo que la misión no se cumplió hasta que Bré, un gendarme despistado, pitó el final. Eso sí, después de que Luque y un par de suizos perdonaran la vida al rival.

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