Una amarga victoria

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A estas alturas ya casi nadie pone en duda la victoria del sindicato suizo Alinghi en la Copa América; un triunfo histórico que devolverá, después de más de 150 años el trofeo más preciado de la vela al Viejo Continente. Y lo hará de la mano del patrón neozelandés Russell Coutts; el héroe de las victorias de su país en 1995 y 2000 y que, tres años después, ha arrebatado el mayor orgullo deportivo de un país, incluso superando a sus míticos All Blacks. Coutts abandonó Nueva Zelanda hace dos años con otros seis miembros del Team New Zelanda a cambio de mil millones de pesetas que le ofreció Ernesto Bertarelli, magnate farmacéutico suizo, que hizo realidad su sueño de tener un equipo de Copa América. Pero tocó la fibra sensible de una pequeña nación de tres millones de habitantes.
Me impresionó ver pancartas en Auckland con lemas como "patriotismo contra dinero". No entienden cómo alguien puede traicionar a su país por dinero. Por esto no son de extrañar las cartas amenazadoras recibidas por el Alinghi o que un centenar de policías vigilen la base del sindicato suizo y la residencia de la tripulación. Coutts trabaja, supervigilado de manera loable pero está claro que sí gana en esta Copa América será su victoria más amarga.