Regueiro, el veloz interior que llevó a Uruguay a Corea
Creció en el barrio de La Teja en Montevideo, cuna del modesto Progreso y del famoso político Tabaré Vázquez, candidato a la presidencia del país por el principal partido de la izquierda uruguaya, el Frente Amplio. Pasó ocho días en la cárcel junto al osasunista Richard Morales tras aquella batalla campal después del famoso clásico Peñarol-Nacional del 2000, y nada más salir se proclamó campeón con los tricolores de Nacional. Le dedicó a sus padres el título de liga y se marchó a Santander a demostrar toda su velocidad. Algunos detalles de la carrera de Mario Regueiro, volante rápido que podría terminar como un extremo de los de antes. Tiene gol, aunque nunca repetirá los 12 en 23 partidos de su segundo año en Nacional. Prefiere la banda izquierda por sus condiciones naturales y lo demostró en Uruguay antes de llegar a Europa. Empezó en el modesto Huracán de Belvedere y pasó pronto a Cerro, entrañable equipo de barrio que llegó a disputar la Libertadores. Cuentan que su hinchada es terrible, tan fiel como peligrosa. Ante tanta exigencia en Cerro se hizo futbolista, y con Víctor Púa empezó a coquetear con la celeste. Primero un Sudamericano sub-20 en 1997 y después el Mundial de Malasia, con una selección juvenil que no alcanzó la gloria por poco. En aquel equipo de Munua, Lembo, Zalayeta, Coelho y Olivera nunca se consolidó como titular, pero contribuyó a que Uruguay llegase a la final ante Argentina. Un gol de Pablo García les tuvo cerca del título, pero los argentinos remontaron y la gloria tuvo que esperar. No demasiado, porque Regueiro le cambiaría la historia a la selección uruguaya. Con la absoluta, ante Australia, fue titular en el partido que les clasificó para Japón y Corea. Su velocidad rompió a los australianos y los goles de Morales llevaron a Uruguay al Mundial. La tarde soñada para este jugador que creció en Cerro y se hizo grande en el poderoso Nacional con Hugo de León como técnico.
