Portillo no se queja
El canterano salió en el 87 y marcó. El Valladolid, sin pegada l Otro gol de Ronie. El Madrid se acuesta líder

Dicen que la fortaleza de los equipos también se mide por su capacidad para ganar cuando juegan mal. Si esto es cierto, el Madrid está muy fuerte, colosal incluso, porque es difícil jugar peor, más triste, con menos intensidad, tan horrible que por momentos casi (y digo casi) echamos de menos la película de Parada, potente somnífero de las tardes sabatinas.
Pero cuando faltaban tres minutos para la conclusión del partido salió Portillo. Lo sacó Del Bosque, más bien, seamos precisos en estas cuestiones, que luego exclamas "cáspita qué tarde me saca míster" y los chivatos te tergiversan los insultos. El caso es que Portillo saltó al campo por indicación del entrenador cuando faltaban tres minutos. Y no le dio pereza, ni se sintió ofendido, o si se sintió se lo calló, y se puso a correr oigan, marcó un gol, lo celebró y no dijo me lo merezco. Por cierto, Morientes no estaba en el banquillo, sino en la grada.
Portillo fue una ráfaga de aire fresco, la única, y por eso es de lamentar que no jugara más tiempo, por lo menos por contentar al público, que pitó al equipo en muchas fases del partido. Es bien sabido que cuando surge un tipo que se deja la piel, el Bernabéu se enternece y se compra sus cromos.
Sin embargo, Del Bosque, que es como Kofi Annan pero en efectivo, maneja variables de la alta diplomacia que nosotros desconocemos. Tal vez si hubiera quitado antes a Ronaldo el público le hubiera abucheado, el jugador se hubiera molestado y ya tendríamos montada otra Guerra del Golfo, y no busquen dobles sentidos.
¿Que si jugó bien Ronaldo? Pues no lo sé, la verdad. Soltó un zurdazo y metió un gol por la escuadra (van diez y prometió 25). Suponiendo que no esté en plena forma se podría decir que es el mejor jugador del mundo en baja forma.
Hay que recordar también que ayer apenas llegaron balones a los delanteros. Cómo sería el asunto que no se vio a Raúl. Esto sucede porque algunos jugadores del Madrid prefieren no arriesgar antes que hacerlo y fallar. Por eso se repite el toquecito hacia atrás, que inventen ellos, por eso no se intenta ese regate que te libera de la presión y desata al equipo. Y no miro esta vez a McManaman (caso perdido, es como sacar a un peluche) sino a Cambiasso, que sabiéndolo hacer, ya no se atreve. Guti, que transitó el medio campo y tiene cara, hizo cosas insólitas por poco frecuentes. Por ejemplo, un pase en profundidad a Ronaldo.
Pero hablemos ahora del Valladolid. Su historia se podría resumir en que no supo ganar. Tuvo más el balón, pero sólo fue superior en los primeros minutos, cuando Fernando Sales (suyo fue el primer gol) volvió loca a la defensa del Madrid, especialmente a Pavón (Koller nos pille confesados).
Y con el marcador a favor, un gran cabezazo de Óscar fue desviado por Casillas con una parada espléndida. Supongo que en momentos así el modesto piensa que nadie le sacará de pobre. Y debe ser verdad, porque muy poco después Bizarri descolocó la barrera para que le metieran un gol y Roberto Carlos se lo metió, por el centro y entre sus dulces brazos.
Después de ver aquello también pareció que pudo hacer más en el gol de Ronaldo, pero es que cuando un portero es cantaruti ya no te lo crees nunca. Debe agradecer Bizarri, eso sí, que no se le conozca por su nombre de pila, Albano, de indudables resonancias musicales, aunque Romina se fue con otro.
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El resto del partido se lo perdono. No pasó nada. Si acaso destacar la entrada de Miñambres, que penetró varias veces por la banda de Macca, donde crecía la maleza. Hubo también una ocasión de Ciric. Pero tuvo que ser Portillo, ya lo saben.
Y dejo para el final el postre: el Madrid es líder. Virtual, lo sé. Efímero, probablemente. Pero hoy la Real y los que siguen luchan por arrebatar el liderato de este Madrid que ahora suma los puntos que le debían de cuando jugaba bien. La Liga es justa. Y necesaria.