Salto de calidad
Carlos Checa tiene muchas virtudes, en lo personal y como piloto de motos. Una de ellas es la perseverancia. Quizá porque volvió a nacer después de su terrible accidente en Donington, valora como pocos todos los privilegios de su profesión, de su estatus, y lucha sin rendirse por conservarlos. Cada temporada la comienza con ánimo e ilusión renovados, confiando en sus posibilidades como único aval, porque nadie le ha regalado nada. Ha sido así desde que comenzó a correr en grandes premios con una pequeña 125 hace ya diez años.
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Ahora la historia se repite. Dice que su moto, la M1, y su equipo, Yamaha, deben permitirle aspirar a todo, a pelear con las poderosas Honda y su principal baluarte, Valentino Rossi. Y les aseguro que me encantaría que así fuera, porque es un buen tipo, un trabajador infatigable y un piloto de talento. Por eso debe dar el salto de calidad que le acerque al Olimpo de los mejores, al coto privado de los fuera de serie.
Grandes pilotos ha habido muchos, decenas, en la historia del Mundial de motociclismo. Campeones, sólo unos cuantos. Mitos, muy pocos. Y para Checa ha llegado el momento de buscar destino, de encuadrarse en una de estas categorías. Siempre representa su papel con dignidad, con honradez, valentía... Motivos de mucho peso para merecer todo el respeto, independientemente de cuáles sean sus resultados. Pero en su mano está cruzar la línea y convencernos de que, definitivamente, su camino apunta hacia la gloria. Si no lo hace, pasará a engrosar la nómina de los que se quedaron en el intento.
