El éxito le llegó tras colgar la bici
La trayectoria del riojano Javier Pascual Llorente (31 años), vencedor ayer en la cima del Santuario de Araceli y actual líder de la Vuelta a Andalucía, es un caso atípico, probablemente único. El ciclista de Calahorra colgó la bicicleta en 1997 y estuvo un año totalmente parado, ni siquiera se entrenaba. Había dado ya por concluídos sus sueños como ciclista y se dedicó a ayudar a su hermano Eugenio en la empresa de transportes que ambos tienen todavía montada.
Llorente estuvo cinco años en el Banesto amateur sin conseguir pasar al equipo profesional. Le llegó por fin la oportunidad en 1995 con el Santa Clara, aquel extraño equipo mitad español mitad ruso que terminó disolviéndose en 1996 y, con ello, Llorente decidió colgar la bicicleta.
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Sin embargo, un año más tarde Álvaro Pino le vino a buscar y le ofreció un puesto en el Kelme. Llorente se lo pensó mucho. Estaba harto de sinsabores. Pero finalmente aceptó y ahora es un curtido veterano, con el peso que le dan sus seis años en el equipo.
Lleva ya seis temporadas en el Kelme y no es una figura, pero sí un veterano con mucho peso en su escuadra y pieza importante en algunas estrategias. Entre sus seis triunfos destaca la conquista de otra cima: el durísimo Redondal, en la Vuelta a Castilla y León de 2001, carrera en la que también ganó una contrarreloj. El año pasado se le fue en blanco al contraer una mononucleosis, que le contagió su hija Conchi, de dos años y medio. Pero está claro que Llorente es un hombre duro que siempre sale a flote.
