Yo digo Juan Mora

Dos grandes presidentes

Juan Mora
Importado de Hercules
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La visita de Jacques Rogge a Madrid el pasado jueves me dejó una reflexión: Madrid empieza a amar el olimpismo. El presidente del Comité Olímpico Internacional no fue invitado para que visitara una ciudad que es candidata a los Juegos de 2012, sino que lo fue para que se sumara a un acto en el que se rendía culto a la memoria de Alfredo Goyeneche, una persona que reunía los valores universales del deporte. Este objetivo, que descubre la sensibilidad de una ciudad, era el único motivo de la invitación, no el de hacer campaña de la candidatura ante los ojos de Rogge.

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Rogge era amigo personal de Goyeneche y por eso no dudó un segundo en emprender viaje a Madrid. Goyeneche se merecía eso, y más. Tenía la virtud, por muy marqués y conde que fuera, de no establecer distancias con nadie. Pero eso sí, con señorío. La relación que establecía con los deportistas era modélica. Por eso no es fácil olvidarle, por eso el Comité Olímpico Español y Madrid, con esa vocación olímpica que ha descubierto, le quisieron rendir homenaje. Para proclamar a los cuatro vientos que Goyeneche fue un gran presidente que ha de servir de ejemplo a generaciones presentes y venideras.

Que Rogge fuera su amigo, que viajara para honrarle, revela que él también es un gran presidente. Tan honrado, que propone lo que el sentido común dicta, aunque luego los miembros de su comité ejecutivo se lo echen para atrás, ellos sabrán por qué. Pero sobran deportes en los Juegos, y si unos quieren entrar, otros deben salir, hay que eliminar a los tramposos y hay que ilusionar a África y Suramérica para organizar unos Juegos. Todo eso quiere Rogge, es decir, lo mejor para el olimpismo. Como Goyeneche quiso, y consiguió, lo mejor para el deporte español. Rogge también quizá lo consiga.

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