Estrellados

Primera | Osasuna 1 - Real Madrid 0

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jesús aguilera y mikel saiz

Justo triunfo de Osasuna, aunque el árbitro no dio validez en el 91’ a un cabezazo de Morientes que traspasó la línea de gol.

Se puede perder, nadie es perfecto (quizá Leonor Watling), pero perder siempre del mismo modo, siempre en los mismos sitios, cuando hace frío, cuando el mundo pica, cuando no hay alfombras rojas, ni primavera, perder así, digo, descubre un problema de ánimo, de ambición, de espíritu colectivo. No sé si fue buena idea eso de poner los nombres en las camisetas; se ven más que el escudo y hay quien corre el riesgo de pensar que el nombre de su equipo es el que está escrito encima del número.

A estas alturas de viaje todos saben que si al Madrid le corres y le pegas le puedes vencer, y que si además le metes en El Sadar le ganas seguro. Y esa fama delata las debilidades de unos espléndidos futbolistas que, sin embargo, son incapaces de guarecerse, de cerrar filas. Todo se fía a la genialidad individual y si esta no llega (cosa rara, es cierto), no hay un plan B, no hay nada.

Osasuna hizo todo bien, también hay que decirlo. Corrió muchísimo y presionó más, mordiendo tobillos, como dictan las leyes del pobre: nosotros damos las tres primeras patadas, la cuarta la dan ellos y les sacan tarjeta (véase Zidane). Con el rival atemorizado, todo fue más sencillo.

Cómo sería, que el Madrid no disparó a portería hasta el minuto 22 (y salió fuera). Osasuna había llegado varias veces (dos palos incluidos). Aprovechaba, a partes iguales, su rapidez y lo mullidito de la defensa del Madrid, con Pavón especialmente blandito: tanto lo rondó Aloisi que sólo le faltó darle un beso de tornillo. Al menos se libró de que el árbitro le pitara un penalti por arreón a su pareja. En resumen, que el Madrid necesita un central y Helguera es centrocampista (yo insisto, que nunca se sabe quién se envuelve el bocadillo con esta página).

Pero sería injusto responsabilizar a un solo jugador del desastre (fueron todos). Si acaso salvar la dignidad de Raúl, que es el que lleva la bandera y toca la corneta: en pleno caos él siguió empujando al muerto desde el centro del campo. Era inútil. Zidane estaba perdido, Ronaldo no estaba y Figo, asqueado, terminó por autoexpulsarse con una entrada absurda.

El Madrid, ni siquiera en los últimos minutos, fue capaz de encerrar a Osasuna, de dominar el partido, de meter miedo. Sin embargo, en el empellón final, en el minuto 90, Morientes resolvió un barullo monumental en el área con un cabezazo que sacó Gancedo dentro de la portería. La imagen de televisión permite ver que el balón entra. En la NBA el árbitro hubiera visto la jugada por televisión, pero allí comen hamburguesas y aquí, llegado el caso, señores colegiados, con antena incluida. De cualquier modo, sería patético refugiarse en ese error.

Osasuna mereció ganar y lo hizo. Dejó ver buen fútbol, directo, triangulaciones rápidas. Destapó asimismo a Manfredini, al que por nombre imaginarías centrocampista con gomina y pecas pero que es un extremo izquierdo ágil, ligero (y negro) que metió un golazo y que centró unas cuantas; es curioso, todavía hay quien sabe rebuscar en el mercado para encontrar futbolistas buenos, bonitos (ejem) y baratos, de baja comisión.

Se dice en estos casos que si Osasuna jugara siempre como lo hizo ayer ganaría la Champions. Y es innegable que el Madrid recorre el mundo generando en sus rivales un curioso efecto viagra. Pero eso es el Madrid y así fue siempre. Podrán recordarme que antes no existía eso del Virus FIFA, que tanto viaje acaba por despistar, que agota a los chicos, que así se perdió en Santander. Esta será hoy, seguramente, la excusa oficial, aunque a mí me parezca un poco pija, como un empacho de ostras, yo hablaría más bien del virus fofo.

Porque de entre los millones de formas en las que se puede perder, la única inaceptable es la que carece de épica, de lucha, de plan, de intento, la que da igual, mañana será otro día y ande yo caliente. Así se perdió en Santander, así en Mallorca, así ayer. Sé que nadie es perfecto, si acaso Leonor Watling, y ya me gustaría verla jugando en el Madrid.

Pavón hizo penalti a Aloisi

Fue una jugada en la que el propio Pavón no supo despejar la pelota. Gracias a eso, Aloisi controló el balón en el área y el central del Madrid le zancadilleó, aunque el australiano también puso lo suyo. Medina Cantalejo no vio nada y dejó seguir el juego.