El club está por encima de todos
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Me duele el Atlético. La sentencia de la Audiencia Nacional me preocupa para el futuro de la entidad. La preocupación en todos los estamentos del club es palpable. Saben que durante los próximos dos años el día a día dentro del club va a ser muy duro de llevar. Pocos valientes habrá en condiciones de invertir dinero cuando la última palabra la tendrá el Tribunal Supremo. Nadie puede estar contento. En el año del Centenario me viene a la memoria el viejo Metropolitano, la noche de la Intercontinental y el Celtic en el Calderón. Tampoco me olvido de la magia de Leivinha, los goles de Gárate, las faltas de Luis, las acrobacias de Pereira o los pases de Schuster. Me he hecho viejo con los sufrimientos, muchos, y alegrías, pocas, que me ha dado el corazón rojiblanco que heredé de mi padre. Algo tengo claro. El club está por encima de todos.
Es el momento de cerrar filas y aunar esfuerzos. Las partes afectadas deben sentarse a una mesa a negociar. Ahora la entidad está en poder de los pequeños accionistas y una guerra visceral con los Gil no es positiva. Urge una Junta Extraordinaria para aclarar puntos y hablar con total sinceridad para planificar el futuro a corto plazo. Lo importante es tirar del carro y buscar lo mejor para la entidad. Los intereses personales hay que tirarlos a la basura. Se está jugando con los sentimientos de más de un millón de atléticos repartidos por España. La primera imagen positiva será la del domingo con un Calderón a reventar y toda la gente animando a los jugadores. Luego se tiene que seguir en el tercer puesto del ranking del PPV. El Atlético es muy grande y nadie conseguirá llevarlo a la desaparición. Muchas lágrimas dejamos en el camino.
