El Madrid no hizo los deberes
El 2 de julio de 2002, la Euroliga estrenó un nuevo formato con tres grupos de ocho equipos. Tras el sorteo, todos los analistas coincidieron en que el grupo C, el del Madrid, era el más asequible. Ni siquiera Emiliano se atrevió a contradecir esta opinión generalizada. Como está mandado en todo un presidente de honor, optó por la prudencia: "Este año no hay un grupo más fácil que otro". Una manera de decir que el suyo no era el más difícil, que si lo hubiera sido tampoco le hubiera faltado tiempo para decirlo, que en cuestión de pronósticos ya sabemos que todos quieren curarse en salud.
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Pues después de 13 jornadas y cuatro meses de competición, el Madrid se juega la vida a un solo partido. Como pierda, a echar cuentas, porque a lo mejor no pasa ni como sexto mejor clasificado. Nos dicen esto hace ocho meses, cuando se celebró el sorteo, y nos partimos de risa, que hablamos de una fase de clasificación, no de ganar la Euroliga. Y pasar a la segunda fase, de verdad, no es ninguna heroicidad, porque la competición la iniciaron 24 equipos para eliminar sólo a 8. Que el Madrid pueda ser despedido de Europa por estar en ese pelotón de los torpes es como para cerrar la tienda.
El baloncesto, además, no es deporte de enorme competitividad en Europa. En Inglaterra, en los Países Bajos, en los nórdicos, en los de centroeuropa, no le hacen ni caso. El baloncesto se ciñe al arco mediterráneo y punto, que en Rusia sólo hay un equipo y en Alemania, otro. O sea, que la batalla del Madrid no consiste en hacer frente a las tropas napoleónicas, ni a las hordas bárbaras, que vá, sino a clubes que ni siquiera tienen su mismo nivel deportivo ni económico. Y como no hizo los deberes a tiempo, está obligado a pasar esta tarde una reválida en la que pone en juego todo su prestigio. Vaya broma.
