Al otro lado del río
Hay veces que traspasamos fronteras definitivas sin que seamos conscientes de ello. Quizás el día que conocimos a aquella mujer o el día que decidimos que debíamos protestar por algo que nos parecía una injusticia. ¿Qué pensará Raúl de aquel día que saltó a La Romareda poco después de que Valdano le dijese "sal ahí afuera y diviértete"?
La aldea en la que nos encontramos, Hushé, es uno de esos lugares fronterizos. Los jeeps no llegan hasta aquí porque, después de seis horas de viaje por una pista infernal, se llega a un punto donde un torrente barrió de un plumazo hace cuatro años una aldea, sus campos y el puente que permitía llegar a Hushé. Por lo tanto, hay que andar tres horas para poder acceder a la aldea más aislada del Karakorum. Así pues, cruzar el río es traspasar una frontera: los últimos reductos de civilización, si se puede llamar así, quedan a la espalda. Ésa es la razón por la que los últimos leopardos de las nieves han elegido este sitio como su refugio.
Hace dos días mi compañero Manuel Úbeda y yo, con dos amigos porteadores, nos adentramos en su busca por las montañas de los alrededores. Después de tres horas de una dura ascensión, con nieve casi por la cintura y con las manos y los pies insensibles, llegamos a un pequeño collado donde, por fin, vimos las primeras huellas de un magnífico ejemplar de leopardo de las nieves. A pesar del frío, fue un momento emocionante. Las huellas eran recientes pero no llegamos a verlo. Probablemente desde alguna pequeña oquedad, o mimetizado con el terreno, nos estuviera vigilando. Al fondo las soberbias montañas del Karakorum parecían más impresionantes e inaccesibles que nunca.
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Sin embargo a esa misma hora, no muy lejos, en el Broad Peak, nuestros compañeros lograban llegar a 6.400 metros y colocar el campo 2, quizás el campamento más importante para pensar en intentar la cima. En aquel collado, con Hushé al fondo del vacío, con el sol del atardecer dorando las montañas, amarillo y fugaz, me di cuenta que también hemos traspasado nuestra última frontera. La búsqueda de estos dos últimos imposibles, el Leopardo y la cumbre del Broad Peak en invierno, representan lo mismo y probablemente no sean más que un torpe intento de querer saber algo más de nosotros mismos.
Hoy el viento y el frío ha expulsado de la parte superior de la montaña a mis amigos y nosotros hemos buscado refugio en casa de nuestro amigo Karim. Hasta aquí nos llegan los ecos de los tambores de guerra del señor Bush. Probablemente esa guerra del petróleo, si desgraciadamente llega a producirse, condene un año más a la miseria a mis amigos de Hushé, por qué no vendrá turismo a estas montañas. Pero desde aquí me parece que ellos, como el Leopardo, son los afortunados y libres. Son los otros los que están al otro lado del río.
